15. Y más problemas

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Estaba jodido.
No había recorrido ni siquiera tres metros y ya estaba sangrando.

Jim se tiró detrás de un grupo de barriles para esquivar la bala de cañón. Esta chocó contra la madera e hizo un agujero en la cubierta.
Continuó avanzando, con el cuerpo pegado al suelo e intentando evitar al resto de seres.
"No podía ir Doc" gruñó por lo bajo cuando recibió un pisotón de uno de los de la tripulación.

Momentáneamente el camino pareció despejarse, y Jim no perdió un segundo. Sin pensárselo dos veces, se lanzó a la carrera a través de la gente, chocando con violencia con uno de ellos. No miró atrás, continuó corriendo hasta llegar a la puerta de metal.
Rebuscó en su bolsillo hasta dar con la llave. La Capitana le había encargado que cogiera las máximas armas posibles y atrancase la puerta, para evitar que les saquearan aquello también.

Tras estar un rato intentándolo, finalmente insertó la llave en la cerradura y entró veloz en el cuarto. Solo al volver a cerrar la pesada puerta, se apoyó en esta y se permitió un momento para descansar.
El ruido de cañones y espadas le pareció hasta lejano.

No perdió más el tiempo. Cogió uno de los sacos esparcidos por la sala y lo llenó de todas las armas que encontró. Le sorprendió ver que apenas llegaban a la decena de espadas, siendo prácticamente todo pistolas de plasma.

Se dispuso a salir, pero algo le hizo retroceder. En un rincón del cuarto, sobre una pila de cajas de madera, se encontraba el motor de una esquirle solar.

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Ojalá hubiera podido inmortalizar la cara de los piratas del otro barco cuando salió volando por la ventana de la sala de armas.
Con todo, su sorpresa no duró lo suficiente como para evitar que comenzaran a disparar a Jim desde cubierta.
Este esquivó malamente los rayos. No era lo mismo volar en una esquirle de verdad que en un trozo de madera con un motor enganchado.
Aún así se las arregló para llegar a cubierta, donde comenzó a repartir armas mientras sobrevolaba el tumulto. Más de uno de los piratas intentó alcanzarlo o ensartarlo, pero Jim no se lo ponía fácil.

Le quedaban pocas armas. Se elevó un poco para buscar al resto de sus compañeros. El motor comenzaba a emitir un sonido que no le gustaba en absoluto.

Distinguió a Tatia entre los tripulantes que soltaban cabos desde el mástil. De repente esta perdió pie y se precipitó los seis metros hasta el suelo. Todo lo demás pasó muy rápido.
Jim se lanzó de cabeza en dirección a donde había caído.
Un pirata se aproximaba a Tatia, espada en mano.
No aminoró.
Chocó contra el ser con tanta violencia que la tabla se fracturó y el motor salió volando por encima de su cabeza. Al llegar al suelo, rodó para minimizar el impacto y se levantó como pudo.
El monstruo había quedado inconsciente. Se giró en busca de Tatia. No estaba donde había caído.

Algo le pasó rozando la oreja. Tatia tenía un cabo enrollado alrededor del brazo, y se columpiaba alrededor del palo del mástil, cogiendo impulso cada vez que pisaba cubierta.

- ¡TODOS AL SUELO! - rugió el contramaestre. Uno de los tripulantes que se encontraba a su lado le hizo agachar la cabeza. Antes de que pudiera preguntar que ocurría, una fuerte explosión sacudió el barco y este salió despedido hacia arriba.
Jim vio como en ese momento Tatia soltaba algo de cuerda y estrellaba su rodilla contra la espalda de una mole que parecía pelear con Zits. 
Jim finalmente entendió lo que estaba haciendo.

El ser salió despedido hacia delante, sumando la fuerza del golpe de Tatia con su propio peso y el impulso del barco.
No tuvo si quiera opción de frenar. Chocó contra el panel de proa,  llevándose consigo un trozo de baranda y varias tablillas del suelo, para acabar cayendo al enorme y oscuro vacío del espacio.
Tatia soltó el resto de la soga y corrió a socorrer a Zits.

El Planeta del TesoroHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora