Estaban viviendo intensamente y peligrosamente y ambas lo sabían. Estaban rompiendo todas las reglas, pero eran felices. Eran felices mientras empezaban a quitarse la ropa entre besos y sonrisas para hacerse el amor. Eran felices entre tiernas caricias y palabras dulces. Felices entre suaves gemidos y respiraciones entrecortadas.
Estaban robando horas para vivir una felicidad alterna a su realidad. Robándole horas al tiempo para perderse en ese mar de sensaciones del cual ninguna de las dos era capaz de huir.- Amanecer En Vancouver
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