Una apacible adolescente en su último año de preparatoria, se enfrenta a un cambio rotundo en su vida.
Tras la huida de su padre y una infancia solitaria, emprende un viaje a una nueva y misteriosa vida llena de secretos.
Mudarse parece ser una bue...
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Mis ojos no se despegan del papel que tengo en mis manos, observo detalladamente la prolija caligrafía que tanto me esmere en trazar, buscando algo que seguramente no iba a encontrar: Satisfacción. Arrugo el papel con mi mano derecha y mi mano izquierda sosteniendo un vaso de papel, se elevó en dirección a mi boca y bebí un último sorbo del chocolate caliente que queda dentro del vaso. Una vez que tiro el vaso, tomo asiento devuelta y suspiro de cansancio mientras cierro los ojos, echando la cabeza hacia atrás.
—No seas tan estricta contigo misma, hija— murmura mi madre a mi lado, la cual acaricia mi espalda, transmitiendome apoyo y cariño.
La miro y sonrío de lado. Estoy agradecida porque ella siempre ha estado ahí cuando más la necesité, es mi guía y mi apoyo . La admiro de pies a cabeza, no debió ser fácil salir adelante sola, la admiro por su independencia, su valentía y principalmente por estar de pie a pesar de cualquier derrumbe.
En mi vida solo está ella y nadie más, ella realiza el papel maternal y paternal. Nadie más que ella. Bueno, tal vez desde que mi «querido» padre huyó de mi vida, hace aproximadamente nueve años, tres meses y dos días, para ser exactos.
Veloces memorias aparecieron por mi mente, Cuando era pequeña siempre fui la sonrisa radiante de papá y el brillo peculiar de los ojos de mamá. Aun así no tuviera amigos, sentía que mi vida estaba completa y era totalmente perfecta, claro, si hablamos de la pequeña e inocente: Samantha Fisher. A medida que mis años ascendían, mis conocimientos se extendían, se me hacía más fácil darme cuenta de lo que sucedía a mi alrededor como las peleas constantes entre mis progenitores, o tal vez el por que a la exigüidad de amigos. Por lo que la huida de papá fue el primer y único factor que marcó mi niñez, por mucho que intentara buscarlo y encontrarlo, todos sabíamos que no regresaría.
Una melodía conocida comenzó a sonar a través de los altavoces llevándose consigo la atención de todos a mi alrededor, incluso la mía quitándome de mis pensamientos.
— Estamos listos para comenzar el abordaje del vuelo 8359 con destino a Nueva York, por favor acercarse a la puerta de abordar
Aprieto la mano de mi madre y le sonrío, ladeando la cabeza. Suelto todo el aire que distraídamente había contenido, desentumezco las piernas, me incorporo para guardar todas mis cosas dentro de mi equipaje de mano para luego aproximarnos a la fila y entregar mi pasaje de avión junto al de madre, quien está a mi lado.
¿Ya había mencionado que aborrezco los aviones? Tiempo hace que no me subo a uno, a pesar de haber viajado unas cuantas veces a lo largo de mi vida —dentro de Europa solamente— sigo sintiendo lo mismo como si fuera la primera vez que lo hiciera, reconozco que no es de las mejores sensaciones, no cuando sufres de ataques de pánico y ansiedad,
Luego de una hora de espera encima del avión y ya sentada del lado de la ventanilla del avión, este comienza a avanzar hasta encontrar un buen punto de partida y avanza por la pista acelerando, el suelo vibra bajo mis pies hasta que nos elevamos de él, por lo que me siento tranquila al dejar de sentir aquel temblor debajo de mi. Aun así mis manos sudan demasiado y mi estómago se encoge por la altura a la cual cada vez más ascendemos.