CAPÍTULO I

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"Errar es humano, pero se siente divino" Mae West

Lexi

--Eres increíble nena--. Los gemidos que emite el chico bajo mi cuerpo son guturales y hacen que me excite más.

Muevo mis caderas más rápido, sintiendo como se acerca el final. Estar con Ray siempre me ha fascinado porque nuestros cuerpos están perfectamente sincronizados, cuando a sexo se refiere.
Cuando siento que mi cuerpo no se puede contener más, suelto un gemido al mismo tiempo que él.

--Ray.

--Lexi, creo que te amo.

Me retiro de encima de él bruscamente, hace segundos me sentia en la gloria y ahora...

--Púdrete Ray.

El me mira sorprendido con mi respuesta, lo que me pregunto es por qué. Nos conocimos en un bar de mala muerte, una noche de aquellas en las que solo quería beber y follar, algo habitual. Él usaba una chaqueta de cuero que lo hacía ver muy caliente y yo vestía mis mallas y falda de cuero.

Cuando chocamos miradas ambos sabíamos lo que que queríamos y bastaron unos minutos para meternos al baño y hacerlo como salvajes; desde esa noche nos vemos cada fin de semana para tener nuestras sesiones de sexo favoritas.

Por supuesto, no somos exclusivos, salimos con otras personas y eso hace de nuestra relación, si se le puede llamar así, algo genial de lo que nunca he tenido que preocuparme hasta ahora.

--¿Qué sucede Lex? Te acabo de decir que te amo, maldición.—Sus ojos negros me miran expectantes, sinceramente no sé qué es lo que espera de mi.

--Me voy de aquí, esto ya se puso raro—me levanto rápidamente de la cama, tomo mi vestido y me lo pongo, sin ropa interior debajo, ya me la pondré en el auto.

Él me imita y empieza a seguirme.

¿Qué demonios le pasa hoy? y ¿dónde carajos está mi tanga?

--Lex, por favor dime algo--. Toma mi brazo obligándome a verlo de frente.

--¿Adiós?

Mi respuesta le causa frustración y pasa una mano por su cabello negro alborotándolo más aún.

--¿No sientes nada por mi acaso?

--¿A qué te refieres? ¿Sexualmente? Si, lo sabes.

--No, Lex, diablos, estás empezando a desesperarme.

Comienza a caminar en círculos por la habitación y solo puedo concentrarme en lo hermoso que es su abdomen y trasero.

Concéntrate Lexi, esto es serio.

--Escucha, Ray, sé lo que me dijiste--tomo su mano y lo miro a los ojos—pero solo estás confundido, pensando con tu pene, no me amas. Por favor no arruines lo que tenemos.

--¿Qué no lo arruine? Pero si no se puede arruinar algo sin empezarlo, no somos nada Lex—se acerca más y acuna mi rostro en sus manos—y yo quiero que lo seamos todo, llevamos acostándonos por meses y en serio me fascinas, yo no puedo dejar de pensar en ti.

--Es por el sexo, ya te lo dije—ahora soy yo la que se aleja de él y empiezo a pellizcar el puente de mi nariz—yo también pienso en ti cuando llega el fin de semana, porque entre nosotros la cama es increíble; sin embargo, no quiere decir que te ame.

--Yo sé lo que siento Lex, te amo de verdad y no puedo seguir así contigo—se cruza de brazos y me mira seriamente, se ve tan sexi —asi que, decide ¿somos novios o no nos vemos más?

Maldición.

Cuando ve que me acerco a él sus ojos se iluminan con una sonrisa que jamás había notado. Pero se apaga cuando tomo la tanga rosa que dejé en el mueble junto a él.

--Entonces, fue un placer conocerte.

Tomo mi cartera y salgo de ahí apresuradamente, solo miro hacia atrás cuando estoy a punto de entrar a mi auto. Él está parado en la puerta y me mira con los ojos llenos de lágrimas.

No sé por qué actúa así.

Pero irme es lo mejor, esto dejó de ser divertido.

De camino a casa pongo "Sweater weather" y me relajo.

El problema de lo inevitableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora