CAPITULO III

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"El cuerpo está hecho para ser visto, no para ser tapado" Marilyn Monroe

Lexi

Ir a la preparatoria es una tortura.

Cada mañana me levanto muy temprano, tomo una ducha de agua fría, selecciono la ropa que usaré, guardo las cosas que necesito en mi mochila y preparo el desayuno para George y para mí....cuando está en casa.

--Hoy te ves radiante nena.

Él lleva su pijama de abuelo habitual, el cabello castaño alborotado y los ojos hinchados de dormir; trabajó todo el fin de semana y no durmió bien, lo bueno de eso es que no trabajará el resto de días en la semana, lo que significa que no tendré que cocinar.

--No necesito que me lo digas, hay un espejo que cubre la pared entera en mi habitación.--Volteo la tortilla de verduras que le gusta comer a el, mientras vigilo que mis tostadas estén listas.

--Parece que alguien no amaneció de buen humor ¿algún problema?

Veo fijamente sus ojos grises, hacemos eso siempre que me pregunta algo que no quiero contestar y si él baja la mirada primero, no le respondo nada.

Un insecto aparece de la nada en mi campo de visión y tengo que espantarlo, a lo que él sonríe triunfante.

--Ya sabes las reglas, cuentame.

--Esto no es justo, maldito bicho--lanzo el insecto al lavamanos como venganza, igual ya está muerto.

--Es una señal divina, adelante habla.

--Ok, sucede que ayer planeaba salir de esta maldita casa, pero el idiota con el que salgo siempre...resulta que se enamoró de mi, así de la nada--sirvo el desayuno en el mesón mientras hablo.

--¿Qué chico no se enamoraría de ti? Aún no entiendo el problema.

--¿Cómo que no? Dios santo--pellizco el puente de mi nariz--yo no siento lo mismo, y apuesto a que él está confundido, el hecho es que odio haberme acostumbrado tanto a él.

--Entonces, será mejor que busques algo nuevo que hacer--termina su desayuno y lleva los platos al lavamanos.

--Gran charla, adiós.

Siempre es así con él, lo sientes cerca un momento y de la nada ya no está contigo, así su cuerpo esté presente...creo que nos parecemos en eso y en los ojos.

--Adiós hija.

Cierro la puerta y subo al auto, es gratificante tener uno al fin, antes tenia que embaucar a algún tonto para que me llevara todos los días a la escuela, desde los 14 años no uso el transporte escolar. Odio ir sentada ahí con todos esos idiotas rodeandome, haciendo ruido y bromas estúpidas.

Veo que Antonia, la presidenta estudiantil, está a punto de estacionar y acelero ganándole el lugar, cuando bajo del auto puedo verla lanzándome una mirada de desprecio y me encanta, detesto a esa perra.

--Buenos días Lexi-Lex, te ves hermosa hoy...como siempre obviamente, es decir con esos ojos y cuerpo perfecto, hasta con una pijama te seguirías viendo increible, perra.

--Cállate por favor Valeria.

Valeria es una chica que se me pegó como la mugre a los vagabundos desde que tengo 14 años, por algún motivo desde que empecé a desarrollarme las chicas más bonitas, por obligación querían ser mis "amigas" y las que no, me odiaron. Por no hablar de los chicos.

Se oye genial pero, detesto a estas chicas, porque efectivamente, Valeria no es la única, en aproximadamente cinco minutos aparecen Salma, Brenda y René, todas son hermosas debo admitirlo, sin embargo es difícil soportarlas por más de media hora.

El problema de lo inevitableDonde viven las historias. Descúbrelo ahora