La sangre chorreaba entre sus dedos,
goteando sobre el charco; ahogando
las penas de su castigada alma.
El silencio se formó ante su último
aliento, tan hambriento de calma.
Y ahí, en medio del vacío que alguna
vez significó una esperanza, murió...
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ANTES Miércoles 16 de Marzo, 1994
03:12 A.M.
—No tienes que vender tu alma, porque él ya está aquí —el sonido de su risa, una risa espeluznante, resonó por las paredes con tapizado desgastado—. Solo espera y verás.
La noche se había tornado lluviosa con el pasar de las horas. Las gotas golpeaban su ventana con un ritmo irregular, produciendo un ruido apagado, mientras el viento causaba que las desgastadas bisagras rechinaran de forma persistente.
Carver se despertó con un movimiento brusco que terminó lastimando su cuello haciéndola soltar un pequeño gemido de dolor. Su mirada ansiosa recorrió horrorizada cada parte de la habitación. Con el cuerpo transpirando y el corazón latiendo casi a reventar, se levantó de la cama y, por unos segundos, se sintió tan diminuta entre las cuatro paredes.
El primer relámpago iluminó el oscuro cielo de Nockfell con un estruendo tan fuerte que la desestabilizó, haciéndola caer de rodillas sobre la alfombra de su habitación. Sintió un tibio goteo manchar sus rodillas desnudas. Con la mano aún temblorosa tocó su nariz, frotando ligeramente sus dedos manchados, demasiado confundida para comprenderlo, pero dándose cuenta de inmediato.
Era sangre.
Sus pupilas se dilataron y un grito despavorido salió de su garganta como bala, pero nadie la escuchó, nadie la socorrió.
3:33 a.m.
«¡Despierta!»
Gritó su subconsciente ante la falta de aire en sus pulmones; Sally alzó la mirada de golpe, aferrándose de forma instintiva a los bordes de la tina mientras la mitad de su cuerpo emergía bruscamente del agua. Con la respiración entrecortada, estiró el brazo tembloroso para alcanzar la toalla colgada cerca, frotando su rostro con desesperación. Por un instante, se quedó quieto, la tela húmeda aun contra su piel, intentando que su respiración se tranquilizara.
No recordaba en qué momento se había quedado dormido en la bañera. El agua estaba helada y la piel se le erizaba, como si acabara de ser arrastrado a la realidad desde un sueño distante. Solo recordaba haber intentando aplacar su dolor sin medicación, buscando un alivio diferente, uno que esta vez parecía haber encontrado, aunque el despertar lo dejó algo desorientado. Parpadeó con lentitud, notando como el silencio del baño lo envolvía, las paredes parecía más cercanas, la luz más pálida y el peso de sus propios pensamientos volvía a posarse sobre él, empezando a extrañar el alivio que había sido solo momentáneo, preguntando cómo podía haberse vuelto de repente en una sensación tan abrumadora.