Las semanas pasaron, los días se hacían realmente corto para ambos. Pasaban prácticamente todo el tiempo juntos entre salidas, risas, algunas lágrimas, besos, abrazos, familia. Michael había hecho todo el papeleo para irse a Nashville, pero cada vez que se acercaba más la fecha se sentía más cerca de Kate. Sentía que poco a poco se unía más a ella y sentía que la ida iba a ser mucho más dolorosa.
Se encontraba viviendo en su casa aun, pero no estaba hablándose con su madre y a decir verdad la mayor parte del tiempo no se cruzaban ni siquiera por los pasillos. Ella estaba en su mundo y él en el suyo.
Pero el día llego. Se encontraba temprano por la mañana de un viernes, no fue al colegio, había ido toda la semana, sin embargo, ese día se encontraba arreglando algunas cajas faltantes y colocando la ropa dentro de la maleta. Como nunca antes su madre entro a su habitación.
—¿Y esas cajas? ¿A dónde vas? —Pregunto.
—Mamá, creo que deberías sentarte—comento y la mujer lo hizo. Se colocó en uno de los sillones del lugar—. Me iré a vivir con papá en Nashville.
—¿Qué?
—Desde nuestra última pelea, creo que lo mejor es que estemos un tiempo separados. Tú tienes que saldar muchas cuentas con tu pasado y no quiero hacer tu vida miserable trayendo tu pasado aquí y yo soy mucho de tu pasado—comento—. Te amo, te amo como a nadie y a pesar de todo, me agrada ser tu hijo, no todos fueron momentos malos, pero yo voy primero y no quiero pasarme los siguientes años de mi vida recordándote lo peor de ti.
—Michael, lo que dije esa noche. Estaba molesta.
—A veces con rabia decimos muchas verdades que no somos capaces de decir en nuestros cinco sentidos, por eso mismo es que no las decimos, porque tienen la capacidad de dañar a otros y a mí me dañaste. Pero te perdono, porque eso es lo que hace un hijo.
—Hijo, yo te amo, quizás no como te lo mereces, pero lo hago y no he sido la mejor mamá del mundo, no tengo el premio a la mejor mamá, pero no te vayas, lo podemos arreglar—y quería creerle, pero ya se lo había prometido antes y nunca había pasado, ella no iba a cambiar.
—No mamá, cierra tu ciclo y luego quizás esto será una buena historia para tus nietos. Me mantendré en contacto, no dejare de llamarte, pero creo que esto es lo mejor para ambos—sus palabras hicieron que la mujer soltara unas cuantas lágrimas. Él no ponía en duda que ella lo amaba, egoísta y todo, pero le amaba.
—Habría querido que todo fuera tan diferente, en serio—se levantó y corrió a abrazar a su hijo. La mujer lloro un poco pero luego paro de hacerlo y se mantuvo ahí abrazándolo—. No dejes de estar en contacto conmigo, por favor.
—Sí, lo hare.
—¿Cuándo te vas? —pregunto.
—Mañana en la mañana, sé que viajas hoy por la noche, no tendrás que preocuparte por mí, Kate me llevara hasta el aeropuerto—se separó del chico y le miro con el ceño fruncido—. Sí, aun mantengo contacto con ella, se sobre el despido de su padre y sobre el ultimátum que le diste.
—No creo que sea la chica indicada para ti—dijo sin titubeos.
—Claro que no—rio—. Pero eso no lo decides tú, mamá. Soy yo. Y por ello, quiero que quede claro que ella tendrá mi camioneta, fue un regalo de papá y como no pienso llevármela, porque allá no la voy a necesitar, pienso dejársela a ella.
—¡Michael! —le reprendió su madre.
—Sí, es de ella ahora, no pierdas el control, ya está hecho. Cumple dieciocho en unos meses y la pasare a su nombre, ¿por qué lo hago? No lo sé, quizás porque quiero que ella se quede con algo mío, ahora que me voy sin ella—aunque ya ella se quedaba con gran parte de su corazón ahí.
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FLORES PARA KATE | LIBRO #2.5 |
Teen FictionMichael amaba varias cosas, entre ellas las más importantes: su familia y el futbol americano. Ser la estrella de la escuela aun sin ser el Quarterback fue algo insolentemente difícil. Él lo llamo trabajo duro y horas de práctica, aunque sincerament...
