Narrador omnisciente.
Al amanecer, mientras los primeros rayos de sol se filtraban a través de las cortinas que tapaban las ventanas, Taylor se encontraba en un dilema emocional inesperado. Lo que había comenzado como un intento de manipulación había dado un giro completo, y fue él quien terminó atrapado en una red tejida por la belleza y el carisma de Madison.
Era evidente que ella tenía un magnetismo innegable que lo había dejado hechizado, y en lugar de ejecutar su plan, se había entregado por completo a lo que ella deseaba.
Madison, consciente del efecto que había tenido sobre Taylor, supo desde un principio que ambos habían sido partícipes de un juego de poder.
Al final, esa noche mágica marcó el comienzo de una conexión que ni Taylor podría haber anticipado, y en ese proceso, descubrió que a veces dejarse llevar era la única manera de encontrar lo que realmente se anhela.
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Madison
Trataba de pensar en algo que no fuera en aquel hombre que ahora ocupaba el baño de mi casa y también luchaba para no abrir esa puerta y dejarme follar de nuevo por él, era aterrador pero a la vez atrayente la idea.
Me encontraba en la cocina preparando café para desayunar en compañía del acosador de ojos lindos.
Salí a la sala y me senté en el sofá mientras esperaba que la cafetera hiciera lo suyo.
—Estoy listo, —escuché su voz ronca a mi espalda y se me erizo toda la piel. —¿Dónde quedó mi ropa? —me preguntó con una sonrisa en esos labios apetecibles, y con esa toalla que a duras penas le tapaba el monstruo que llevaba por miembro.
Casi me de deja parapléjica anoche, no es queja, es solo un gusto recordar eso.
—Quedó arriba, —le respondí serena, nada igual a como estaba por dentro. —¿Quieres café?
Pregunté amablemente a lo que él asintió aún con su sonrisa en los labios y la toalla con la que se secaba el cabello ahora sobre sus hombros.
Se cargaba unos brazos divinos llenos de tatuajes que me atraían más de lo que debía.
Yo escapé del mundo delictivo y de lo malo, pero lo delictivo nunca se iría de mi aunque lo quiera.
Me levanté del sofá y con él siguiéndome los pasos llegue a la cocina y le serví café en la taza que deje junto a la cafetera.
Él mirándome fijamente se llevó la taza a los labios para darle un sorbo.
—¿Qué tanto me miras? —le pregunté, mientras sonreía juguetona.
—Admiro lo hermosa que eres —respondió él con mucha naturalidad.
Inevitablemente giré los ojos con hastío. —Sé que soy hermosa, gracias por iluminarme.
Respondí con chulería y traté de alejarme de él para encaminarme a mi habitación para vestirme. Pero su mano aferrada a mi brazo me detuvo.
—Eres muy egocéntrica —dijo, frunciendo el entrecejo.
—Es que ya obtuve lo que quería, así que los halagos simples me parecen que están de más —respondí, encogiéndome de hombros.
Él soltó una risa sin ganas y llevó su otra mano a mi cadera para apegarme a él de un tirón haciéndome gemir de la sorpresa.
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MASOQUISMO
AksiNo siempre es la típica historia de amor. Pasado y amores peligrosos. Ellos son la mezcla perfectamente, imperfecta.
