Capítulo 10: Matarratas y un perro cariñoso

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Llevaba viviendo una semana en casa de mi prometido y no podía ser más feliz. Todos los días me levantaba a las seis de la mañana para hacer el desayuno, lo hacía a lo grande, me ponía manos a la obra y cuando se levantaban a las nueve tenían todos preparada una tostada calentita( casi ni quemada) y un vaso de leche (creo que debería calentarla un poco) pero valía la pena por ver sus caras, les gustaba tanto que hasta le daban a probar al perro (al pobre no le sentaba muy bien).

Esa misma mañana, mi suegra me dijo que a partir de ahora mejor se encargaba ella de la cocina, pero por desgracia no tenía mucho ojo; menos mal que estaba yo atenta, por ejemplo, hoy casi le echa matarratas a mi plato, la pobre no sabe diferenciar las especias.

Todos me tenían mucho cariño, hasta el perro, que un día jugando con él se lanzó encima de mi y con su lengua me lamió toda la cara, después de echarme el desayuno. Después me mordió el pantalón hasta arrancármelo y empezó a lamer cada vez más abajo, qué juguetón pensé, de repente noté algo duro y largo, más incluso que la de mi novio, no sabía que hacer y entonces llegó mi novio y apartó al perro de mi, el pobre estaba tan emocionado que se avalanzó encima de mi, y según él, lo hicimos (yo sólo me enteré de lo del perro).

Los días iban pasando y mientras fregaba y mi novio trabaja la madera por fin supe lo que era la felicidad.

Carolaima:Un amor sin penas y sin pelosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora