Capitulo I

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El sonido de la alarma de un celular se escuchó dentro de la habitación

—Cinco minutos nada mas —musitó la muchacha como cada mañana presionando uno de los botones. Repitió la misma acción dos veces, y, cuando la tercera alerta retumbó, Candy se desperezó, y al percatarse lo tarde que era, saltó de la cama, corrió al cuatro de baño, tomó una ducha ligera, se vistió rápidamente, salió de su departamento a toda prisa, al llegar a su auto, abrió este, se sentó al volante, encendió el motor, y, se dirigió a su lugar de trabajo.

Mientras se estacionaba, su celular sonó, era un mensaje de Karen:

Tenemos chico nuevo, Candy

Candy enarco una ceja extrañada ..—¿Quien podría ser?

Menudo trasero, Candy.

Candy sonrió ante las ocurrencias de Karen y respondió el mensaje.

Ya llegó, estoy estacionando el auto.

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Cuando por fin llegó, Fabiola, la recepcionista, la saludó y le anunció que la esperaban en la oficina de presidencia.

Al llegar al lugar, Candy llamó suavemente a la puerta y abrió sin esperar confirmación. —Sandra hablaba con un hombre, ambos miraban por la ventana.

Karen se había quedado corta con la descripción del chico, este tenía un trasero imponente, de esos que te obligan a girarte para volver a verlo. Iba vestido de forma impecable; sus manos, en los bolsillos del pantalón, hacían que éste se pegase más a sus redondeados glúteos.

Candy se mordió involuntariamente el labio inferior. —Si ese hombre tenía el resto del cuerpo como el trasero, iba a ser todo tentación en la oficina, ya que la mayor parte del personal, en ese departamento eran mujeres.

<<Seguro que este bizcocho se lo comerá primero Fabiola>> —pensó mientras sonreía.

—Buenos días Sandra —saludó la rubia.—me dijeron que querías verme.

—Buenos días, Candy —respondió Sandra sonriendo..—si, quería verte, te presento a Terrence Graham, se quedará con nosotros por un tiempo.

—Encantada de conocerte —se presentó ella mientras le tendía la mano.

Al hacerlo, Candy no pudo evitar mirarlo a los ojos. —Eran de un azul zafiro tan intenso que le trajeron recuerdos de otros muy parecidos.

Sonrió tratando de apartar la alocada idea de que se trataba de la misma persona—. ¡Por Dios! solo era una coincidencia sin importancia, muchos hombres tenían los ojos azules, y era algo más frecuente aún entre los que venían de países Europeos. —De todas formas, su musculatura, su altura, eran similares. Sacudió la cabeza —, él no le dio señal de reconocimiento —. Fuese o no él, las rodillas le temblaron.

Terrence se acercó a ella y sostuvo sus manos entre las suyas. —Su paso decidido, su mirada seductora y profunda le recordaron a Candy a un tigre preparando para la caza.

Él se llevó su mano hasta los labios y dejó un beso sobre los nudillos.

Candy observó detenidamente sus ojos azules, su piel, y su cabello castaño; notó su cuerpo marcado seguramente por las horas dedicadas en el gimnasio pero, fuera como fuese, el traje le sentaba tan bien que lo único que le apetecía era arrancárselo a mordiscos.

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