Capitulo VI

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Terry salió de casa de Candy hecho una furia, se subió a su auto y fue en busca de Susana, sabia a donde encontrarla y hacia allá se dirigió.

Miles de pensamientos cruzaron por su cabeza, quería estrangular a aquella indeseable mujer, quien al saberse en la calle no dudó un segundo y viajó miles de millas para tratar de embaucarlo.

Miró sus manos aún ensangrentadas y maldijo una y mil veces el haber estado enamorado alguna vez de aquella despreciable mujer, que no le importó en lo más mínimo mandarlo al diablo en cuanto él le dijo que había renunciado a todo por ella.

¡Por Dios! Se había alejado de su Pais y de sus padres, que siempre tuvieron razón con respecto a Susana, pero en aquellos años cuando su padre se lo advirtió, él era demasiado joven para comprender que él solamente procuraba lo mejor para él y en su lugar él había discutido con su progenitor y se alejó de él y de su pobre madre que lloraba y le suplicaba que no se marchara y todo para qué... Para descubrir que mientras él discutía con sus padres, la muy zorra se revolcaba con su hermano en su propia habitación, en su cama.

La ira se incrementó en su interior y gritó con frustración —que imbécil y ciego fue todo aquel tiempo —golpeó el volante al recordar lo que escuchó antes de abrir la puerta, aquellos dos miserables llevaban tiempo revolcándose a espaldas de él, mientras él como un imbécil se enfrentaba a todos por ella.

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Candy lloraba desconsoladamente, su corazón sangraba y ella sentía que moría lentamente —después de la muerte de Anthony, cuando ella aún era una adolescente y no sabía quien era realmente, se juró que jamás se enamoraría de nadie, ya que no quería sufrir más y de pronto cuando ella menos lo esperaba apareció él con su antifaz de su excelencia y puso todo su mundo de cabeza en un abrir y cerrar de ojos y todo para qué, Para terminar con su corazón hecho añicos.

Se dejó caer de rodillas en el frio suelo y lloró amargamente. De pronto, sintió que todo a su alrededor daba vueltas y perdió la noción del tiempo.

Así, inconsciente, tirada en el frio suelo, la encontró Albert, tras recibir una llamada de Terry informándole lo sucedido.

El rubio sintió que el mundo le caía encima cuando la vio allí, tirada, pálida e inconsciente —miles de pensamientos pasaron por su cabeza mientras corría hasta donde estaba la joven rubia tendida.

Tras tomar su pulso y asegurarse que no estaba herida, Albert, la levantó del suelo, tomándola en brazos y la acomodó en la cama, rebuscó en los cajones hasta encontrar una botellas de alcohol, mojó un paño, lo pasó por la nariz de la rubia, que comenzó a reaccionar.

—Pequeña —¿ Estas bien?  —Candy asintió —Terry me llamo y me puso al tanto de lo sucedido.

—Albert —Candy se lanzó a los brazos del rubio y comenzó a sollozar —duele, duele aquí —decía mientras se tocaba la parte izquierda de su pecho.

Albert sintió que el corazón se le comprimía, quería a Candy como a una hermana menor, antes siquiera de descubrir que realmente lo era y le dolía verla así, destrozada, sufriendo; también quería a Terry y sabia que él tampoco la estaba pasando bien, lo había visto en sus ojos horas atrás en aquel antro.

¿Que iba hacer? —estaba enfadado con Terry y se negaba a hacerla de celestino, pero Candy estaba sufriendo y en sus manos estaba acabar con el sufrimiento de su pequeña hermana y el de Terry.

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Terry no tardó en encontrar a Susana, sólo tuvo que preguntar en el hotel más caro de la ciudad, ya que la muy zorra no se habría conformado con menos. Al llegar a recepción, dio el nombre de Susana y el suyo, y como esperaba, y a pesar de la amenaza que le había enviado con aquel hombre que iba a hacerle daño a Candy, la infeliz lo dejó subir.

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