A la mañana siguiente, Jeno estaba en su oficina mirando a través del ventanal, de espaldas a su asistente, Renjun.
―He liberado su agenda de esta mañana, señor... ¿Hay algo más que usted necesite? ―la voz de Renjun se escuchaba un poco dubitativa, y Jeno terminó por asentir.
―Iremos a un lugar, pero no quiero un ejército de guardaespaldas siguiéndome. Elige solo a dos y diles que sigan el auto ―indicó, y Renjun le miró confundido.
―Yo... sí, señor. Pero no estoy seguro de que deba ser yo quien elija, ¿tal vez hay alguien que tenga en mente?
Jeno soltó una risa baja antes de girarse y encarar al más bajo con una rosa entre sus dedos.
―Confío en ti, dile a Yukhei y a su compañero que vengan con nosotros. Supongo que podrían usar esta oportunidad para hablar ―bromeó con una pequeña sonrisa antes de salir de la oficina. Renjun se sonrojó violentamente por el comentario y siguió a Jeno por detrás.
―Yo... si eso es lo que usted quiere, señor ―murmuró tímidamente antes de girarse en el pasillo e informar a los dos guardaespaldas.
Jeno echó un vistazo a la rosa en su mano, la misma que pareció gustarle a Jaemin. Se adentró al auto, sus dedos jugueteando delicadamente con la flor, pudiendo ver todavía la forma en la que Jaemin se inclinó para sostenerla más cerca de su rostro, con la brillante sonrisa y su despampanante cuerpo hipnotizándolo.
Jeno respiró profundo y miró por la ventana, ese chico estaba atormentando su cabeza.
Momentos después, Jeno estaba de pie frente la puerta de Jaemin con la misma rosa en su mano. Timbró dos veces, manteniendo su gran postura mientras esperaba a que la puerta se abriera, con los nervios en su pecho. Sus dos guardaespaldas se mantuvieron unos pocos metros detrás de él.
La puerta se abrió unos minutos después, develando un Jaemin con el cabello desordenado y los ojos entrecerrados, usando nada más que la chaqueta de Jeno, descalzo y con las piernas desnudas.
Jeno tragó duro ante aquella visión, y los ojos de Jaemin se engrandecieron.
―Oh... por dios ―dijo antes de cerrar la puerta abruptamente. Jeno carraspeó, cerrando los ojos para recobrar la compostura. La puerta se entreabrió y Jaemin sacó apenas la cabeza, dubitativo y con la expresión cansada y confundida en el rostro―. ¿Señor Presidente? ―su voz era algo rasposa, intrigada y perdida.
―Buenos días. ¿Le digo algo...? Ya lo he visto, así que no tiene caso que se esconda ―Jeno señaló a la puerta, y Jaemin suspiró derrotado antes de abrirla un poco más para que Jeno se adentrara, con los ojos fijos en el suelo.
―Por favor, pase ―Jeno se adentró y miró a su alrededor, notando cómo todo lucía tan lujoso y de buen gusto. No esperaba nada menos de un chico con tanta clase y elegancia, y aunque Jaemin apenas estaba usando algo de ropa y con el cabello desordenado, se veía increíble―. ¿Qué está haciendo aquí?
Jaemin por fin miró a Jeno, intentando esconder su obvia incomodidad por el hecho de que estaba casi completamente expuesto en frente de él, todavía tratando de despabilar el sueño de su sistema. Jeno parecía luchar para encontrar una respuesta.
―Bueno, honestamente solo quise ver si llegó bien a casa, pero también para darle esto ―Jeno le entregó la rosa, y los ojos de Jaemin parecieron iluminarse.
Jaemin sostuvo la flor, con las yemas de sus dedos apenas acariciando la mano de Jeno en el proceso.
―Qué dulce.
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[TRAD] National Anthem
Fanfiction[Traducción] National Anthem Original de @liquorna en Twitter El presidente Lee Jeno siempre ha sido una figura muy respetable ante el ojo público. Tiene clase, autoridad, y es un líder muy serio y justo. Pero todo hombre tiene secretos sucios, y el...
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