Un día común

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La alarma de mi teléfono sonó a las 5:30 como cada mañana desde que mi padre se fue de la casa

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La alarma de mi teléfono sonó a las 5:30 como cada mañana desde que mi padre se fue de la casa.

Mamá nunca había sido de las mujeres que se quedaban en casa y cuidaba a sus hijos... ese era papá quien hacía un excelente trabajo y al no estar él yo era la nueva responsable.

No era la única, para mi suerte contaba con la ayuda de mis hermanos o la sección de los mayores como solía decir mi mamá.

—Alguna preferencia para el desayuno —dijo Bryce saliendo del baño, con la toalla al cuello y el uniforme ya puesto.

—Sorpréndeme —sonreí.

Gracias a Dios mi hermano era un excelente cocinero, de no ser así desayunarían cereal quemado todos los días.

Me metí a la ducha tardándome lo máximo posible, al salir termine mi proceso con un maquillaje sutil.

Con el uniforme ya puesto, peinada y arreglada iniciaba mi rutina de madre.

Iniciando por asegurarme que los gemelos estuvieran listos, cosa que nunca pasaba.

—Suéltame —ordenó Camren forcejeando por quitarse a Ethan.

—Tu no nos ordenas —exclamó Flynn mordiendo su pierna.

—Basta —grité irritada— Camren termina de cambiarte y ustedes dos —los miré molesta— los quiero abajo en diez minutos o no habrá fiesta de cumpleaños.

Los chiquillos me miraron sorprendidos para posteriormente correr por la habitación buscando su ropa.

Me dirigí a la habitación de Dylan para encontrarle aún acostado en la cama.

—Dyl ya es tarde levántate —dije entrando para sentarme al borde de su cama.

—No me siento bien... creo que estoy enfermo —contestó sin mirarme.

—Ah si, ¿De qué? —pregunté sabiendo que mentía.

—Mm... Tos —respondió fingiendo un tosido.

Suspiré abrumada.

—Anda muéstrame —ordene levantándolo de la cama.

Mi hermanito me miró temeroso para posteriormente enseñarme el moretón en una de sus piernas.

—¡Dyl! —exclamé— es todo hablaré con los padres de ese mocoso.

—No, lo empeorarás —me gritó aterrado— prometo que lo resolveré.

Suspiré, llevaba así hace dos meses y aunque quisiera golpear a un niño de nueve años sabía que él se tenía que encargar.

—Bien entonces alístate —dije besando su frente para bajar.

Después de hacer el tedioso trabajo de madre me dirigí a la escuela para dejar a cada uno de mis hermanos exceptuando a Bryce.

—Bien conoces las reglas —dije dándome el último retoque.

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