Capítulo 3

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Asomamos cuidadosamente la cabeza por la pendiente, bajo nosotros a unos 30 metros o menos estaba el BMR, tenía a seis infectados golpeando el exterior, quizás si todos hubieran decidido golpear la misma escotilla con sus inflamados brazos podrían haber entrado al cabo del tiempo en el BMR. Otros infectados simplemente se limitaban a caminar y a girarse violentamente al son de los golpes de los otros. Pronto divisé otro infectado tras el camión cisterna que sumados a la ecuación tras fervientemente indicar a Guti , Facu y Fonseca que eran 13 los infectados que los rodeaban y no 12. La orden directa de Guti era disparar alternativamente de lado a lado. Estábamos separados unos cinco metros los unos de los otros, así que de esa manera los infectados escucharían un disparo en dos posiciones distintas y durarían por unos segundos a cual de todos los focos sonoros acudir.
Así fue, la primera ráfaga la disparó Facu, luego disparó Fonseca, seguido de Guti y finalmente yo. Disparábamos ráfagas de 3 disparos que apuntando a la caja torácica aseguraba prácticamente una muerte rápida y en ocasiones la última bala en la cabeza. Comenzamos disparando a 4 que teníamos en nuestra cercanía. Más tarde disparamos a los infectados que golpeaban el BMR por nuestro lado, un par de ellos se lanzaron a por Guti y a por mí, pro suerte el desnivel de arena hacía que a cada paso que daban se deslizaran de nuevo a la cuneta, lo que nos permitía ganar un poco de tiempo. Cuando apenas nos quedaban dos infectados que a violentas horcajadas intentaban subir por el terraplén de la carretera , Santiago muy nervioso nos avisó de que 3 infectados venían por nuestra espalda. Había tiempo suficiente para recargar.
—¡Facu!¡Fonseca! Disparad a la retaguardia — Gritó el Sargento Guti mientras yo cambiaba el cargador. Por unos segundos miré a nuestra espalda. Santiago realizaba unos disparos bastante imprecisos y su posición al disparar denotaba que tenía mucho miedo.
Me limité a seguir disparando a los infectados de la carretera. Solo quedaban dos, uno de ellos se acercaba por el lado más cercano a Fonseca, el otro provenía corriendo rápidamente y sin temor hacia Guti y yo. Ambos fueron abatidos por los hombres de los Golden que salieron en apoyo del BMR. Pronto divisamos en la lejanía siluetas que nos indicaban que en 10 minutos tendríamos problemas. Sabíamos que teníamos cerca varios pueblos sin limpiar, así que teníamos un tiempo limitado.
— ¡Gracias a dios! — Gritó el líder del blindado Golden — Esos hijos de puta han llegado a bloquear un BMR de 15 toneladas.
— No hay tiempo de charlas chicos — Gritó Guti mientras inspeccionaba el camión cisterna en busca de infectados en la cabina — Vienen infectados desde el sur —
— ¡Joder! Vamos ha echar lejía y nos largamos — Gritó el jefe del BMR Golden.
Tras ver que el camión cisterna estaba repleto de gasoil y limpiarnos concienzudamente las manos con un gel que llevaba Santiago nos montamos en el camión y lo arrancamos. La adrenalina aún circulaba por nuestras venas, sentíamos el corazón. Santiago había pasado tanto miedo que un roal de orina se vislumbró en sus pantalones.

— ¡Santiago, que asco, tio! — Gritó Fonseca.

— Lo siento chicos...— Se avergonzó Santiago.

— No pasa nada, esto les pasa a los mejores — Dijo Facu. Yo me limité a golpearle el hombro, él entendió que no ocurría nada. La primera experiencia contra infectados era demencial, sobre todo si tenías infectados en todos los puntos cardinales.
La primera vez que yo tuve contacto armado con los infectado fue el mismo día que Facu me sacó de Clasgovia, mi ciudad natal. Tras atrincherarme en casa de mis padres con una simple escopeta, vi el convoy que pasaba por la calle, así que temerariamente salí corriendo para pedirles auxilio. Llamé la atención de todos los infectados de mi calle con los gritos , pero logré que una escotilla se abriera y Facu me cogiera. Pude subir al techo, así que tuve oportunidad de disparar desde ahí para encima contribuir a que no nos siguieran muchos de esos bichos en los que se encontraba mi familia.Nunca lo conté, pero me había orinado encima yo también aquel día. Pronto comenzaron las comunicaciones por radio con el BMR Golden, nuestras velocidades no pasaban de los 80km/h.
— Muchas gracias chicos, sin vosotros seríamos una lata de sardinas — Nos comunicó el líder Golden.
— No hay mejor manera de celebrar el Armor Day que rescatando a unos patanes piratas de la gasolina — Bromeaba Guti mientras Fonseca sujetaba la radio y como no, incluía algún comentario estúpido. De repente interrumpiendo la transmisión apareció una voz femenina '— ¡Cuidado!¡A vuestra derecha! —' fue cuando vimos aquella moto de montaña aparecer por una curva. Con una escopeta recortada empezó a dispararnos a la ventanilla, algunos perdigones alcanzaron a Fonseca en la cabeza, que cayó sobre el salpicadero, el motorista que iba de paquete se enganchó a la puerta y gritaba '—¡La gasolina es nuestra!¡Para o disparo! —' mientras enfundaba un revolver del calibre 38, pero solo le dió tiempo a decirlo una sola vez, Facu se había recostado para sacar su M9 y disparar a bocajarro. El motorista se quedó enganchado por el mentón del casco a la ventanilla, pero le propiné una patada que hizo que este cayera al asfalto. Miré por el retrovisor y pude ver al BMR Golden aplastar al motorista abatido y seguidamente derribar y pisar al motorista que iba a los mandos.
—¿¡Estáis bien!? — Repitió la voz femenina.
— ¡Tenemos un herido grave! — Gritaba Santiago por la radio que había arrebatado a Fonseca de las manos. Mientras yo intentaba moverlo para ver si tenía alguna respuesta vital.
Gutí le ordenó a Santiago que les dijera que se pusieran en contacto con Trisante. Mis empujones a Fonseca hicieron efecto, resopló como un toro y gimoteó un poco , cuando giró la cabeza todo era menos de lo que parecía, algunos perdigones le habían impactado casi a ras de la frente, pero su fea y estúpida cara estaba bien, más que herido parecía que se había despertado en ese momento. Durante los restantes 100 kilómetros que quedaban hasta llegar al punto seguro intercambiamos algunas palabras con los Golden. Los llamaban así por el color de la gasolina, se dedicaban a desvalijar y coger piezas de coches pero sobre todo de llevar combustible a Trisante. Eran básicamente los que mantenían el punto seguro funcionando y reparado.
Llegamos a Trisante sobre las 16:00 y nada más llegar nos esperaba la limpieza habitual y la enfermería. Santiago cogió una chaqueta que había en el camión para ocultar su escape. Tan pronto como pudo salió corriendo a su casa. Mucha gente esperaba la llegada de los Golden para celebrar que todos los blindados habían vuelto y que el punto seguro tenía bastante suministros como para aguantar unos días sin salir. Esa noche se celebraría el Armor Day, pero antes, yo ansiaba una ducha y una cama hasta las 21:00 , cuando se tenía prevista la celebración. El analógico despertados retumbó hacia las 20:30 y mi cuerpo estaba bastante descansado pese a que me dolía un poco la pierna por la patada que le había arrojado a aquel bandido del camión. Deben de estar ya festejando en la taberna pero mi cuerpo rechazaría cualquier bebida alcohólica sin antes haber comido algo así que saqué de mi cajón un sobre de ramen, una comida japonesa básica en hidratos de carbono y proteínas que , a favor de que está prohibido guardar alimentos, era bastante común. Calenté el agua en un camping-gas en la cocina, también requisado en una salida y me dispuse a cenar. Supuse que Patrick y Sofía estarían trabajando o en la Armor Day pero puse un momento la oreja en la puerta de la habitación de Sofía por si por casualidad estaban dentro, no fue fructuoso. Me vestí y salí a la calle por donde caminaban muchas personas y aunque no todas las personas de Trisante podían acudir pues había que mantener ciertas tareas activas, como radio, almacenaje, organización, guardias en muros y demás puestos de seguridad que solían hacer los paramilitares pues realmente el Armor Day estaba enfocado a los militares. Cuando llegué muchas familias estaban saludando y hablando con los miembros de los blindados, nos trataban como héroes, abrazos, saludos de mano, besos y regalos. Tras un pequeño cocktail muy austero, de bebidas caeras que el personal de los almacenes fabricaba y algún canapé preparado por agradecidas personas de Trisante nos íbamos a unas largas mesas creadas con varias mesas de picnic que colocaban tras la gasolinera y el campamento joven donde nos servían comídas repletas de amor básicamente cosechadas en viajes o en los campos del alrededor. El menú esa noche fue bastante bueno, teníamos Cocacola sin enfriar para beber, cerveza, aguamiel y agua. Para comer habían muchas mazorcas asadas, albóndigas de lata, pasta y alubias, verduras asadas y jamón asado. Esa noche todas las personas del punto seguro comían prácticamente lo mismo en los comedores, así que en realidad era un día de celebraciones para todo el mundo.Nos sentamos juntos, excepto Fonseca, esa noche le tocaba pasarla en la enfermería mientras le sanaban ese escopetazo indirecto. En total, habían 9 blindados:

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