De pie, en la proa de un enorme transatlántico, miraba al horizonte, su mirada reflejaba el dolor que su alma guardaba, un dolor con el que tendría que aprender a vivir, porque sabía que ese dolor seria su compañero por el resto de su vida.
Cerró sus ojos y la imagen de un chico de lentes vino a su mente, aún de después de tantos años no podía creer que ya no estaba entre ellos.
La ambición de algunas personas había sido la culpable de que aquella carnicería humana se desatara, dando pie a una absurda guerra que acabó con la vida de muchos inocentes que en un momento determinado creyeron hacer lo correcto enlistándose como voluntarios para según ellos defender lo que sería la libertad de sus seres amados.
Cuan lejos estaban de la realidad entonces, tarde, muchos de aquellos jóvenes se dieron cuenta de su gran error, no así él, quien siempre fue consciente de todo aquello y muchas veces se arrepintió de no haber accedido al plan de aquel chico junto con todos aquellos que desertaron de sus respectivos batallones, encontrando la muerte repentina en su intento de huída.
Ahora más que nunca deseaba regresar en el tiempo y acceder a ser parte de aquel plan, deseaba eso mil veces a sentir el dolor que sentía en lo mas profundo de su corazón y alma.
No tenía ni la menor idea como le haría para vivir de ahora en adelante sin ella, porque una cosa era estar separados por una absurda promesa de dos jóvenes inexpertos ha estar separados porque ella hubiese alcanzado su felicidad, dejándolo a él sumido en el mas profundo de los agujeros que jamás hubiese imaginado estar.
Un agujero que amenazaba en consumirlo poco a poco hasta acabar con las pocas fuerzas que aún le quedaban, necesitaba encontrar una razón, una sola razón para aferrarse a ella y no terminar en la profundidad de aquel océano que lo rodeaba.
Dejo caer una lágrima al recordar una noche de espesa bruma, muy parecida a esa, a bordo de un transatlántico, donde él regresaba de la misma forma como lo hacía ahora a su natal Inglaterra, con su corazón y sus sueños destrozados.
De pronto, el mismo pensamiento que le sobrevino aquella noche, se hizo presente, apretó sus manos al borde del barandal del barco, cerró nuevamente sus ojos y la imagen de una chiquilla de dos coletas vino a su mente, sin poder evitarlo dio rienda suelta a su dolor y gruesas lágrimas bajaron por sus mejillas.
—Candy —Invocó su nombre en medio de la espesa bruma, deseado con todo su corazón que al abrir sus ojos y al girarse, ella estuviera ahí frente a él como aquella noche de fin de año.
—¡Terry!
La voz masculina a espaldas de él lo hizo girarse abruptamente.
Frente a él con una enorme sonrisa, William Albert Ardley lo observaba, no podía creer que estuvieran a bordo del mismo barco.
—Terry, amigo cuantos años sin verte, ¡Por Dios! Cuanto has crecido desde entonces.
—¡Albert! ¿En verdad eres tu? —Preguntó el castaño limpiando rápidamente su rostro húmedo por las lágrimas.
Albert dio dos pasos al frente acortando así la distancia.
—El mismo —respondió el alto y rubio hombre abrazando de manera sorpresiva a su amigo —.¿Que haces aquí y no en New York? Leí en los periódicos que volvías a los escenarios.
Terry suspiró —Viajo a Londres junto al resto de los integrantes de la compañía Stratford, Robert recibió una invitación de la Shakespeare Academy para realizar una presentación en el teatro de su majestad.
—¡Wow! Eso si que es un gran honor, ser invitados para presentarse en aquel impresionante Teatro rodeado de toda la aristocracia.
—Eso mismo piensa Robert, aunque la verdad para mi es un teatro más.
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Nuestra Historia de Amor
FanfictionCinco años y medio habían pasado desde la despedida en el umbral de la puerta de salida del Hospital San José. Cinco años y medio en los cuales las vidas de Candy y Terry sufrieron cambios significativos, personas que se fueron y personas del pasado...
