Cinco años y medio habían pasado desde la despedida en el umbral de la puerta de salida del Hospital San José.
Cinco años y medio en los cuales las vidas de Candy y Terry sufrieron cambios significativos, personas que se fueron y personas del pasado...
Con cada paso que daba, Terry sentía que su corazón se saldría del pecho, Candy, su Pecosa, la mujer por la que había soportado todo, estaba a escasos pasos de él.
Terry caminó abriéndose paso entre las parejas que se encontraba en centro del salon de baile.
Candy sintió de pronto unos deseos inmensos de correr y acortar la distancia que la separaba del hombre que amaba y a quien creía haber perdido para siempre, sus ojos se cristalizaron y sin poder aguantar más aquella tortuosa espera que amenazaba con matarla si no hacia algo; se dejó guiar por lo que su corazón le indicaba y dio un paso al frente acortando así la distancia.
Azul zafiro y verde esmeralda se encontraron frente a frente después de largos cinco años y medio, ante la mirada expectante de quienes conocían la historia de amor entre ambos.
Aquel momento fue mágico para Candy y Terry, para ellos el tiempo se detuvo, olvidándose de todo a su alrededor.
No existía más nadie, solo ellos, envueltos en una espesa nube que los cubría a ambos, quienes se observaban reconociéndose después de tantos años separados el uno del otro.
Fue Terry quien recobró la compostura y recordó el lugar en donde estaban —. Hizo un reverencia y le solicitó una pieza de baile, en el momento justo en que Annie solicitaba a la orquesta que tocaran un vals muy conocido por Candy y Terry.
Candy hizo una reverencia y aceptó el brazo de su amado rebelde y juntos caminaron al centro de la pista de baile.
Terry colocó una de sus manos en la diminuta cintura de Candy, mientras ella colocaba su mano en el hombro de él y ambos entrelazaron la otra mano y comenzaron a moverse al ritmo de cada acorde sin dejar de mirarse y sonreír uno al otro.
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De pronto fueron presa de los recuerdos —; los días en el Colegio San Pablo, sus encuentros en la segunda Colina de Pony, el festival de mayo, las inolvidables vacaciones en Escocia.
La conexión entre ellos era mágica, tanto que el recuerdo del único beso compartido, hizo que ambos suspiraran al unísono.
Los últimos acordes del vals sonaron y juntos sin decir una sola palabra se encaminaron a un lugar privado del jardín de la Mansion Carnegie para no ser interrumpidos por nadie.
—Terry —Candy pronunció su nombre en un susurro.
El castaño puso su dedo sobre los labios de ella, y rosó estos con suavidad; Candy cerró los ojos disfrutando de aquella suave caricia, de pronto sintió los labios firmes de él rozando los suyos como una caricia aterciopelada.
—Candy, Pecosa, cuantas veces soñé estar así contigo —le dijo él en un susurro —fue ese sueño y el recuerdo de nuestro único beso, los que me dieron la fuerza para sobrevivir todos estos años alejado de ti.