Capitulo V

3.1K 241 64
                                        

—Ese vestido está perfecto para la presentación, no te parece Briana  —preguntó Cathleen a su futura nuera, mientras ambas observaban a Candy con una amplía sonrisa.

—Es muy hermoso, te queda perfecto Candy, no cabe duda que ese color te favorece, hace resaltar tu tersa piel, el color de tus ojos y tu hermoso cabello, sin dejar de lado el diseño del vestido, con ese corte en la cintura y los hombros descubiertos serás la sensación de la noche, dejarás a mas de un caballero Inglés con la boca abierta y despertarás la envidia de muchas damas.

Cathleen sonrió al imaginar la cara de Sara y la odiosa de su hija quienes arribarían a Londres el día siguiente junto al resto de los Ardley para asistir a la fiesta de compromiso de Ethan y Briana Howard hija de Patric y Nicole Howard condes de Portland y antiguos amigos de la familia Carnegie McGregor.

Candy suspiró, el único caballero Ingles que le hubiese gustado dejar con la boca abierta, se encontraba al otro lado del Atlántico, en New York para ser mas exacta.

—No deseo ser el centro de atención —respondió Candy con modestia —después de todo es tu fiesta de compromiso.

—Descuida Candy, eso no tiene importancia para mi, la verdad si de mi dependiera, mi fiesta de compromiso seria algo íntimo, algo entre nuestras familia nada mas, pero desafortunadamente no puedo escapar de lo que se espera de mi y nuestra familia dentro de la aristocracia —respondió Briana con una mueca de disgusto.

—¿Asistirán todos los miembros de la aristocracia Londinense? —preguntó Candy cuidadosamente.

Cathleen la abrazó de manera protectora, entendiendo el temor de su pequeña hija, ya que uno de los invitados a la fiesta de compromiso era precisamente el Duque de Grantchester, padre de Terry.

—Todo estará bien Candy, confía en nosotros.

Candy asintió —Gracias mamá —dijo abrazando a Cathleen.

—¿Que les parece este vestido para la fiesta después de la función en el Teatro de su majestad? —Preguntó Briana mostrando un hermoso vestido color oro.

—Es perfecto, ¿no lo crees Candy? —preguntó Cathleen con una sonrisa.

—¿Es necesario que asista? —preguntó la joven rubia.

—Por supuesto Candy, el no hacerlo sería una gran falta de cortesía a su majestad —Briana suspiró y rodó los ojos —comprendo tu falta de interés, pero tenerte en esta ocasión será reconfortante para mí, no me sentiré sola en medio de tanta hipocresía.

Candy sonrió —veo que no es de tu agrado el círculo social en que has crecido.

—Como podría serlo, todos son unos snobs que se creen superiores a todo el mundo, por hablar varios idiomas, poseer modales refinados y un estilo de vida privilegiada, se creen que todo el mundo tiene que besar el suelo que pisan, tratan con desprecio a los que consideran inferiores —Briana hizo una mueca de asco —¿te das cuenta ahora la razón por la cual es una tortura para mi soportarlos?

Candy asintió ya que ella sabía perfectamente lo que se sentía ser despreciada por provenir de una humilde cuna.

—Puedo imaginarlo —se limitó a responder.

Pasaron el resto de la tarde haciendo sus últimas compras.

En el camino de regreso a casa, Candy permaneció en silencio mientras Cathleen y Briana parloteaban de una cosa y otra, Candy respondió con un escueto si, o un no cada que era requerido, su cuerpo permanecía ahí junto a ellas pero sus pensamientos divagaban en los recuerdos de un joven Ingles a bordo del Mauretania cuando ambos se dirigían a aquella ciudad cuando ella apenas tenia quince años y del cual se enamoró —;sonrió levemente al recordar lo irónico de la vida, pues su madre y su padre se enamoraron mientras estudiaban en el Colegio San Pablo cuando tenían a penas quince años.

Nuestra Historia de AmorDonde viven las historias. Descúbrelo ahora