— Gracias, doctor, es usted muy amable.
— En realidad aun no soy... —luego lo pensé mejor y le dije al señor antes de que saliera del consultorio con su esposa...— no hay de qué. No olvide tomar los medicamentos tal cual y como está en la formula, ¿de acuerdo?
— Pierda cuidado, doctor. —Respondió su esposa— Así lo hará.
Ya estoy a un mes de terminar mis prácticas en el hospital, ya son tres meses en los que no he vuelto a saber nada de ella... mi señora Serena, es decir, mi ex querida señora Serena... maldita mujer, debería odiarla después de lo que me hizo, ¡¿Cómo pudo?! ¡¿Cómo pudo hacerlo si me prometió que no lo haría?! ¡¿Cómo chingados hizo para acostarse con ese pendejo de Diamante Black si me prometió que no lo haría?! El día que lo supe, el día que ese imbécil vino hasta acá no solo a reclamarme el hecho de haberle dicho la "verdad" a Serena, guau, que extraño es llamarla así, Serena... el día que ese hijo de su chingadísima madre vino hasta acá a decirme que estaba feliz porque gracias a mí él había vuelto acostarse con ella y como siempre lo quiso, de forma exclusiva, quise morirme, ese día quise olvidar mi juramento de salvar vidas y acabar con una, con la de ese maldito de Diamante Black... maldito y mil veces maldito... lo odio profundamente.
— ¿Doctor Chiba? Oh, es cierto...— Sonrió con condescendía mientras entraba al consultorio, cerraba la puerta y tomaba asiento frente a mí— aún no se le puede llamar doctor, ¿verdad?
— Diamante Black.
Lo miré como me miraba él, con el mismo desprecio...
— ¿Qué hace aquí? ¿En qué puedo ayudarle?
— No, ya hizo suficiente, muchas gracias. —Volvió a sonreír, maldito idiota— Muchas gracias por haberle contado a mi señora Serena la "verdad"
— No entiendo, ¿de qué está hablando?
— Hablo de mi enfermedad, de esta maldita leucemia que cada día acaba un poco más conmigo. ¿Por qué? ¿con qué derecho? ¿Quién le dio derecho de meterse en mi vida, en mi relación con ella?
— Ella tenía que saberlo.
Y de la nada se empezó a reír, reía a carcajadas, casi que no se calma. Pasaron unos cuantos segundos antes de conocer el motivo de su incontrolable risa, es un maldito, por eso lo odio, por eso y como médico, que mi deber es ayudar a las personas, tratar de salvar vidas, por ser el maldito ser que es, es que no siento pena por sentir lo que siento, no me siento mal por desear su muerte con tanta fuerza...
— Oh, esto de verdad que es muy divertido, doctor. Si usted no fuera la persona que es, mis planes jamás habrían funcionado, gracias Darien, gracias por ser tan.... ¿Cómo lo diría mi amada señora? ¿tan "noble"? Muchas gracias, de verdad.
— ¿" sus planes"?
— Sí, —se levantó de la silla y empezó a caminar por el consultorio— mis planes. Gracias a que usted es la persona recta, honesta y noble que es, es que mi señora Serena es mía, completamente mía... gracias a que usted hizo exactamente lo que sabía que iba a hacer, ella está conmigo. Es mía...
Por la sonrisa que tenía, por la felicidad con la que lo decía, supe a qué se refería. Sabía perfectamente de qué me estaba hablando. Además, no hizo falta que dijera o hiciera nada, las marcas en su quijada lo confirmaban. Esa pequeña y casi desapercibida marca que Serena le deja a uno en la quijada cuando lo muerde, cuando está haciendo el amor, es característico de ella.
— Es solo mía, tal cual y como siempre lo soñé.
— No estoy entendiendo nada de lo que me está diciendo.
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Un Harem para Serena
Fiksi PenggemarUna bella mujer, mayor, disfruta de todos los placeres que puede dar el tener un harem, un harem de tres bellos chicos solo para ella.... Diamante, Seiya y Darien tendrán que luchar por ganar un lugar en su cerrado corazón...
