Trois.

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Muy bien, Jeongin —Dijo el joven del pabellón infantil mientras dejaba que el niño se sentara en el sillón que estaba en medio de la habitación—. Tu madre me contó que tienes un nuevo amigo. Eso es un avance.

El nombre de mi amigo es Chan.

Espero que lo lleves todo con calma, ¿Está bien? ¿Recuerdas lo que sucedió la última vez?

Shi.




Jeongin ya había llegado a su hogar otra vez, y sólo quería ver televisión o pintar uno de sus libros para colorear de su habitación.

También quería galletas.

Hizo un mohín con los labios y se sentó en la alfombra.

Chan no había venido el día de hoy.

Quizá era porque Jeongin tuvo que salir temprano para ir a ese lugar frío y con gente que le hablaba de cosas extrañas, gente que le preguntaba a cada instante si se sentía bien.

Si, por eso Chan no había ido.

Se paró y dio marcha a su habitación.

Jeongin era una bolita de sábanas en su cama. Era el único lugar donde se sentía seguro, sin que nadie fuera a hacerle nada.

Y es que no le gustaba que las personas estuvieran muy cerca de él, pero ellos parecían no entenderlo.

No importaba quien fuera, Jeongin siempre temía al contacto con las otras personas.

Incluyendo a sus padres. . .

O incluso, al pequeño Chan.

ραѕιтσѕ ∂є ριиgüιиσ •• ChanIn •• -αdαpтαcιóɴDonde viven las historias. Descúbrelo ahora