Capítulo 4

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Sasha


— ¿Es tu novia? — Preguntó Aiden, y lo miré suplicante, no podía estar preguntándome esto — No me mires de esa manera.

— Es mi mejor amiga — sonreí, más tieso que una piedra en el mar — Es hija de Damon y de Jacob.

— ¿Es mi sobrina? — Preguntó Frederick, y yo asentí — Ni siquiera sabía que estaba aquí.

— Nadie lo sabe, sólo yo... y creo que Mathew, no estoy seguro — ajusté mis lentes — Pero no somos novios, nada de eso.

— ¿Amigos con derechos? — Preguntó Enzo, cruzándose brazos — Porque como te besó, no se veía como que eran sólo amigos, hasta mi hermana está en silencio.

— En verdad no somos más que amigos, ella es una gran persona que admiro con todo el corazón, pero nada más — deseo llegar a mi casa rápido.

— Vaya, ¿Ahora los amigos se besan como si fueran novios? — preguntó Parker, en voz baja.

— ¿Ahora los novios le son infieles a sus parejas? — Pregunté, a la defensiva, y luego me llevé ambas manos a la boca — Lo siento, no debí de decir eso.

— No te disculpes porque piensas algo que es verdad — dijo Parker, restándole importancia al asunto — Es mejor escuchar las verdades que las cosas que siempre escuchamos.

— En verdad no era mi intención el decirles eso — sacudí la cabeza — No volverá a ocurrir, les pido que no lo tomen a pecho.

— Por mi parte no hay problemas — se pasó la lengua por los labios. ¿Por qué me hace esto? — Puedes estar tranquilo.

— Bien — saqué mi teléfono y miré la hora — Señor Frederick — llamé, y él me miró por el espejo del retrovisor — ¿Puede dejarme en casa de Mathew, por favor?

— ¿Por qué te quieres quedar en su casa?

— Tengo una consulta.

No recibí respuesta por parte de alguno de ellos, tampoco quería que supieran que era un puto bipolar con cambio de personalidades incluidas en su expediente clínico. Les agradecí, y como Enzo no se movió de dónde estaba, terminé por pasarle por encima a apropósito. No sabía cuándo volvería a estar con estos maravillosos alfas en el mismo lugar siendo yo mismo.

Mathew estaba esperándome en la entrada de su casa, y lo primero que hice fue abrazarlo con muchas fuerzas, habían pasado tantos años sin verlo que no sabía cómo sentirme, la última vez que nos vimos fue hace dos años, y fue por video llamada por el episodio que tuve, y que por el cual terminé en el sótano de mi casa durante semanas amarrado como si fuese un perro.

— ¿Cómo has estado? — Preguntó Mathew despidiéndose con un gesto de manos de sus padres — Estás enorme.

— Tomaré eso como un cumplido y no como algo vulgar — dije, divertido — Tenía tantos deseos de verte, han pasado tantas cosas desde la última vez que hablamos.

— Para eso estoy aquí — me invitó a pasar — Mi esposo y mi hija están en la ciudad terminando de comprar las cosas para el bebé que está a nada de nacer.

— ¿Estás emocionado porque en ese bebé no fuiste el pasivo? — Hice una línea recta para no reírme cuando me miró mal — Lo siento, pero creo que cuando sale mi otro yo... todo se sale de control en mi... hoy le dije algo a tus hermanos que nunca pensé decirles en toda mi vida.

— ¿Qué fue esta vez? — me acosté en el sofá, y él en la mesita del centro — No tomaré notas porque eres un caso especial para mí. Te conozco desde que eras un niño.

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