No bastaron tantas suplicas para convencer a su amigo a que entraran a aquella linda cafetería. Era cómoda, acogedora, de ricos aromas a dulces y a café amargo mezclado con el dulce de leche en los pasteles. Era perfecto, un adorable y amigable escenario para poder observar a ese chico desde cerca pero a la vez tan lejos.
Kenma, al ser alguien de pocas multitudes quiso sentarse lo más lejos posible de las otras mesas, por lo que quedaron en un rincón al lado de otro ventanal. Un poco enojado y berrinchudo tuvo que aceptar ese asiento y solo deseaba que la suerte le diera duro para que justo ese mesero los atendiera.
- ¿que miras tanto, Hinata? - su mirada se desvió por un momento de su consola y pudo notar como su amigo estaba embobado mirando por sobre el hombro al mesero a unas cuantas mesas más allá. Conocía aquella mirada, esa mirada idiota de un enamorado. Tuvo que captar la atención del pelirrojo al pisarle el pie por debajo de la mesa, escuchando un agudo grito de dolor por parte del más bajo - ¿y bien?
- n-no lo sé...sólo me llama la atención, es todo.
- ¿por qué no intentas llamarlo para que nos atienda?... Tengo hambre...
El pelirrojo se quedó callado, estaba indeciso. ¿Gritar que lo atendiera? No, sería de muy mala educación. ¿Pararse e ir tras él? No, que...infantil. ¿desmayarse en el pasillo y justo chocar con él para que lo ayude a pararse y así vivir felices por siempre como en los cuentos de hadas como en los de su hermana? Ojalá.
Pero antes de que levantara la mano como un cliente normal que era lo más lógico para su vacía cabeza, Kenma ya lo había llamado a la mesa.
- ¿¡q-qué estás haciendo!? - susurró a regañadientes mirando con nervios al teñido. Este, como siempre, sereno se alzo de hombros y le sonrió al recién llegado.
- mi amigo quiere pedirte algo. ¿Cierto Hinata?...
Su amigo se lo iba a pagar, de verdad que se lo iba a pagar. Pero bueno, tuvo que cambiar su cara y rió nervioso disimuladamente aunque no le salió como se lo esperaba, que terminó por suspirar y mirar al chico frente suyo. Oh no, se había quedado mudo y estático.
- a-ah...a-ahm, yo...
Se estaba tardando demasiado, se notaba en el mesero su impaciencia por esperarlo. Los nervios lo estaban carcomiendo.
- no tengo todo el día ¿sabes? - frunció su ceño hasta el punto en que su entrecejo se había arrugado y su sonrisa que odiaba se estaba deformando - ¿que quieres?
- mi amigo quiere un café con leche y donas. Yo quiero solo un pastel de chocolate - permaneció sereno como siempre, pero por dentro quería golpear a Hinata y zarandearlo por lo idiota que era al trabarse en un momento importante. Así, el mesero se fue refunfuñando y extrañado. - Kageyama tobio.
- ¿que? - al fin pudo articular una palabra de ese largo trance -
- así se llama, Kageyama Tobio. En su placa decía. - rodó los ojos - no sabía que en vez de idiota también eras ciego.
- ...oh, así que así se llama...- y por esa corta información ignorando los insultos de Kenma, sintió que se estaba enamorando aún más de ese gruñón mesero de lindos ojos azules. Sus mejillas se tiñeron hasta las orejas y suspiró enamoradamente sin apartar su mirada de aquel chico -...Kageyama...
ESTÁS LEYENDO
Dulce De Limón
Short Story𝐿𝑜 𝑢́𝑛𝑖𝑐𝑜 𝑞𝑢𝑒 𝑙𝑒 𝑙𝑙𝑎𝑚𝑎𝑏𝑎 𝑙𝑎 𝑎𝑡𝑒𝑛𝑐𝑖𝑜́𝑛 𝑑𝑒 𝑒𝑠𝑎 𝑐𝑎𝑓𝑒𝑡𝑒𝑟𝑖́𝑎 𝑎 𝐻𝑖𝑛𝑎𝑡𝑎 𝑒𝑟𝑎 𝑒𝑙 𝑚𝑒𝑠𝑒𝑟𝑜 𝑑𝑒 𝑙𝑖𝑛𝑑𝑜𝑠 𝑜𝑗𝑜𝑠 𝑎𝑧𝑢𝑙𝑒𝑠. 《𝐾𝑎𝑔𝑒𝒉𝑖𝑛𝑎》
