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Ya era de atardecer cuando se habían ido de aquella cafetería. Un atardecer que combinaba con su pelirrojo cabello. Sin embargo estaba con los brazos cruzados, con un berrinche que ni Kenma se lo podía sacar. ¿Y por qué? Porque no quería irse aún. ¡pero ya lo estaban echando a escobazos por un chico rubio con lentes que también era empleado del lugar! Sólo quería quedarse un rato más, sólo un ratito.

Pero al menos, se quedó con un estómago satisfecho y dulce por los azúcares que había probado en aquel lugar. Debería felicitar al pastelero por aquellos ricos dulces que endulzaron su día, más que ese mesero cabeza dura.

Por último, mientras caminaba junto a Kenma que no despegaba su vista de su teléfono - quizás estaba hablando con Kuroo por mensajes - se paró frente a este para detener su caminata y que lo mirara. Sus ojos volvieron con aquel brillo, una idea se había cruzado por su mente.

- ¡Kenma! ¡vayamos la próxima semana a "Dulce de limón" por favor! ...invita a Kuroo- san y así tienen una pequeña cita ¿que te parece? - en sus ojos ya le salian chispas de colores por la emoción del momento - ¡por favor! ¡por favor! ¡por favor! Te prometo que te compro ese nuevo videojuego que quieres para tu cumpleaños.

- sus ojos se abrieron como platos, quizás no eran tan brillantes como los de Hinata, pero también se encontraba emocionado. No por ir a una cita con Kuroo, bueno, quizás un poco, era porque tendría aquel videojuego que tanto ansiaba tener. Sonrió leve y asintió - ...esta bien, le dire a Kuroo a que nos acompañe. Pero esta vez, tu pedirás la orden al mesero ¿bien?

- ¡si! ¡si! No te preocupes, ensayaré toda la semana si es necesario para poder al fin hablarle. - y con esto caminó en todo el trayecto dando saltitos, feliz de poder ver otra vez a aquel...agrio chico. -

Una semana después...

Ya se encontraban en camino a la cafetería. Con un Kenma silencioso y un Kuroo que hablaba hasta las coronillas, ambos tomados de sus manos entrelazadas. Hinata, por un lado parecía que no tenía alma y caminaba por inercia solo siguiendo a la pareja contraria. Aún pensaba en que decir, todo lo planeado y ensayado se le había olvidado por completo, su mente estaba vacía. Estaba en aprietos.

- ohohoho? El adorable Hinata al parecer a encontrado a su príncipe azul. - quiso interrumpir el trance de Hinata con su característica burla de al principio y miró burlón al pelirrojo, pero este aún continuaba con la mirada en las nubes y de este modo, miró extrañado a su pareja - ¿crees que esto es una buena idea? Hinata está algo nervioso - susurró -

- déjalo, ya veremos que hacer para que enfrente a su amor platónico. Aunque no sé que le ha visto. Hinata es un rayito de sol mientras que ese mesero te hace estremecer hasta los huesos. Su mirada da miedo...

- tranquilo, yo, Kuroo cupido hará todo lo posible para que Hinata saque toda su personalidad.

- no te metas en algo en que eres malo, Kuroo. ¿Recuerdas que fui yo el que tuvo que dar el primer paso para besarnos? Eres un cobarde. - reprochó al de cabellos oscuros y este sólo hizo un puchero en sus labios, dándole un gran golpe en su orgullo. Pero todo ese rastro de dolor en su rostro fue desvanecido cuando llegaron a la cafetería ya conocida, siendo recibidos por una mueca en los labios por el rey de roma y el objetivo de Hinata para conquistarlo.

Iba a ser un largo día.

Dulce De LimónDonde viven las historias. Descúbrelo ahora