Apenas transcurrieron dos días para que la respuesta de Sirius Black rasgara el silencio de la biblioteca. En su misiva, el rompedor de maldiciones destilaba un orgullo vibrante; había aceptado de inmediato acompañar a su ahijado, rememorando el cruce por el Callejón Diagon como una de las experiencias más puras y electrizantes de su propia juventud. Tal como lo había prometido, esa misma tarde el eco de la Red Flu anunció su llegada. Con un aura extremadamente alegre y contagiosa que contrastaba con las sombras del mausoleo Potter, Sirius ingresó al santuario de pergaminos donde Harrison aguardaba. El niño de once años no se inmutó; se limitó a levantar la gélida mirada esmeralda de las páginas de su libro, lo cerró con una lentitud deliberada y lo colocó a su lado, esperando.
—¿Cómo has estado, cachorro? —preguntó el Black, con una sonrisa de oreja a oreja que iluminaba sus cansadas facciones.
Harrison guardó un silencio sepulcral. Sostuvo la mirada de su padrino por un instante largo y denso, para luego ponerse en pie y pasar por su lado sin emitir una sola palabra. Aquel desdén, que habría resultado ofensivo para cualquier extraño, fue recibido por Sirius con una punzada de dolorosa comprensión. Conocía demasiado bien a su cachorro; entendía que haber crecido privado del calor familiar, sepultado bajo el peso de la indiferencia y el olvido, había convertido la comunicación en una fortaleza inexpugnable para el niño. Demostrar sentimientos o articular palabras triviales era, para Harrison, una tarea titánica e innecesaria.
—Me alegro de que estés muy bien, cachorro —se respondió Black a sí mismo, forzando la sonrisa para mantener a raya la melancolía.
Siguió los pasos metódicos del chico fuera de la biblioteca hasta detenerse frente a la imponente chimenea de piedra del vestíbulo. Harrison contempló las llamas verdes con ojo analítico.
—Creo que ya sabes cómo funciona, pero te lo repetiré —explicó Sirius, adoptando el tono didáctico y paciente de un maestro—. Tomas un puñado de polvos Flu, entras en la chimenea y los lanzas contra el suelo mientras pronuncias, fuerte y claro, tu destino. En nuestro caso, el Caldero Chorreante. Hazlo tú primero, yo te seguiré.
El Black dio un paso atrás, otorgándole el espacio. Harrison no dudó. Sus dedos pálidos se hundieron en el cuenco de piedra, extrajeron el polvo grisáceo y, ejecutando cada movimiento con la precisión matemática que había memorizado en los libros, se desvaneció en un torbellino de fuego esmeralda.
El panorama que recibió al azabache al salir de la chimenea lo desconcertó ligeramente. Aunque las crónicas históricas describían el Caldero Chorreante como un bastión de la tradición mágica, la realidad sensorial era radicalmente distinta: el aire apestaba a cerveza rancia, humo de pipa y un aroma rancio a humedad y desesperación. El ambiente era oscuro, pero no con la solemnidad gótica de su biblioteca, sino con la decadencia de los hombres rotos. Harrison quiso diseccionar el lugar con la mirada, pero la súbita aparición de su padrino a sus espaldas, sacudiéndose las cenizas de la túnica, le indicó que no había tiempo para la contemplación.
Caminaron hacia el pequeño patio trasero, flanqueado por una opresiva pared de ladrillos. Con movimientos ágiles de su varita, Sirius golpeó tres veces el bloque vertical sobre el cubo de la basura. El mecanismo mágico cobró vida: los ladrillos comenzaron a temblar, replegándose sobre sí mismos hasta abrir un arco majestuoso hacia el bullicio del mundo exterior. Mientras el pasadizo se abría, la mente analítica de Harrison ya había grabado el patrón exacto: tres arriba y dos al costado. No olvidaría cómo entrar por su cuenta si el destino lo requería.
—Cachorro, bienvenido al Callejón Diagon —anunció Sirius, extendiendo los brazos con teatralidad ante el desfile de túnicas multicolores, letreros colgantes y búhos que surcaban el cielo matutino—. Bien, el plan es sencillo: primero buscaremos tus túnicas, después los útiles escolares y, al final, iremos por lo más importante... tu varita.
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¿SLYTHERIN?
ספרות נוער¿Que pasa si nuestro querido elegido queda en Slytherin en vez de Gryffindor? ¿ Que pasa si nadie sabe qué el es el verdadero elegido ? ¿Que pasa si es su hermano el que es tratado como el elegido ? ¿ como seria la historia que conocemos desde un p...
