XXXII

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Las pisotadas de los caballos se escuchaban en los alrededores de aquella aldea casi consumida por las llamas con anterioridad. Los hombres y mujeres se encargaban de apagar el fuego de lo que alguna vez fue su hogar, llenos de ollín tiraban los escombros para evitar reavivar las brasas con el viento

Akane aminoró la marcha hasta quedarse detenida; con horror presenció la escena más dura que pudieron captar sus ojos después de dos días de viaje, la destrucción se alzaba por todos lados en aquel lugar. La gente volteó a verla y con lágrimas en los ojos se pusieron a implorar su ayuda, estaba devastados por la pérdida de sus bienes, de sus cultivos y de sus familias

Con una señal dió la orden de asentar su campamento en ese lugar, los sanadores sacaron sus botiquines llenos de cataplasma, pomadas y menjurjes curativos. Atendieron a las personas más heridas entablillando a aquellos que tenían los huesos rotos

Mientras el resto del ejército ayudaba a apagar las cenizas y levantar tiendas donde se alojarían los aldeanos restantes los cocineros prepararon ollas gigantes de comida para alimentar a los pobres damnificados. Akane no se quedaba quieta, iba y venía moviendo escombros, cargando heridos, llevando agua para apagar el fuego

Por más tareas que desarrollara estaba muy atenta a su alrededor, escuchando con mucha atención el correr del agua en el riachuelo y la respiración pesada que solo los caballos salvajes de las praderas poseían, llenó su balde de agua despacito. Están aquí. Pensó para que estuviera lista a saltar en batalla

Akane se dió la vuelta fingiendo no saber que era observada desde las sombras entre la hierba. Caminó de regreso con los cubos de agua sintiendo el pecho arder, esos desgraciados que le habían arrebatado a su madre iban a pagarlo

Detuvo la marcha cuando escuchó las ramas de los arbustos quebrarse, se dió la vuelta al tiempo que esquivaba la espada de su enemigo, salieron alrededor de veinte rebeldes con la cara cubierta; la atacaron sin esperar un solo segundo. Ella respondió los ataques con el choque de su espada, la armadura hacía muy bien su trabajo en protegerla de las afiladas hojas mortíferas —¡Sasuke!— llamó a su guardián quien estaba alejado de ella. Ante el desesperado grito de la princesa el sirviente corrió de inmediato llevando consigo a una parte del ejército imperial. En poco tiempo los rebeldes se vieron superados en número

Ante el acorralamiento no tuvieron otra opción más que luchar por sus vidas —¡No retrocedan!— Vociferó uno con voz gruesa, Akane lo había tomado como contrincante entendiendo que él lideraba esa tropa.

No obstante al ser pocos rebeldes las fuerzas de la realeza los aplastaron fácilmente dejando sólo a dos vivos. Uno que yacía en el suelo bajo el peso de Sasuke presionando su brazo a su espalda que amenazaba con partirle la extremidad en dos y el general sobre un charco de su propia sangre proveniente de un costado herido —¿Hay más de ustedes?— cuestionó la soberana apuntando su espada al cuello de este

—Maldita, hija de cabellera azul ¡Tú y toda tu descendencia padecerán el haber gobernado estas tierras por años, de manera injusta!— le gritó levantándose contra ella, la joven sintió el corte en su brazo, certero y sin ninguna duda —Nunca entenderás el dolor de nuestra gente ¡Desgraciada!— intentó nuevamente atacarla pero fue más rápida asestando un golpe en su costado herido —¡Maldita!— esa había sido su última palabra antes de ahogarse con la sangre de su garganta cortada con la espada de la princesa. Le atravesó la yugular hasta que la hoja salió por el lado contrario salpicando a su cómplice en la cara

—¡General!— exclamó el otro hombre forcejeando por salir de su prisión

La chica afianzó el agarre en el mango de su katana deslizando en un corte poderoso hasta que el cuerpo del hombre quedó degollado —Nunca entenderán mi dolor— le dijo al difunto sin testa —Aten su cabeza a un asta y coloquenla en la entrada del campamento— le ordenó a los soldados que la acompañaban —Llevenlo a una tienda y hagan que confiese todo lo que sabe— finalizó señalando al otro hombre

Imperio IDonde viven las historias. Descúbrelo ahora