Capítulo 5: " El gato blanco"

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Sam se dirigía hacía su casa, herido, con un gran dolor por todo el cuerpo, y no solo dolor físico, también emocional.

Sam: Como es posible que Suso sepa cuando es mi cumpleaños... La única persona que me ha felicitado y ha tenido que ser él. *(Pensaba Sam mientras cojeaba)*

Hoy hacía un atardecer singular.

Todavía faltaba medio camino para llegar a casa de Sam. A medida que se iba aproximando, escuchaba unos ruidos muy fuertes, como si fueran gruñidos de animales. Llegó a la zona donde altercaba el gran estruendo, y efectivamente, se trataba de una pelea de animales callejeros, lo que él ya se imaginaba. Se trataba de un perro bastante grande que estaba atacando a un pequeño gato el cual apenas se podía poner en pie. Antes de que el perro siguiera zarandeando y terminando de matar al gato, el joven se interpuso, el perro le ladró y atacó de forma agresiva. Tuvo que darle una patada para poder quitárselo de encima. Sam cogió algo de comida que todavía le quedaba en la mochila y la arrojó lejos, el perro la siguió sin pensarlo. En ese intervalo de tiempo Sam cogió al gato, lo rodeó entre sus brazos y se fue corriendo de allí como pudo.

Llegó a un pequeño parque que se encontraba a 15 minutos de su casa, se quitó la sudadera y enrolló al pequeño gato para que no pasara frío. Casualmente la sudadera era de color blanco, como el gato. Sam miró al gato por una última vez antes de despedirse.

Sam: Lo siento pequeño, pero no puedo llevarte conmigo, no tengo apenas para alimentarme yo, como para tener que cuidar de uno más... Además no sé como se lo tomaría mi madre el traer un gato a casa... lo siento...

Con cierta tristeza, se giró y se marchó mientras el gato maullaba levemente con las pocas fuerzas que le quedaban.

Sam llegó a casa. Miró si había por casualidad algún mensaje de su madre felicitándolo por su cumpleaños en el contestador del teléfono, pero no había nada.

Sam: Vaya día de mierda, ojalá se acabe todo pronto...

Subió las escaleras, se duchó y se puso el pijama. Todo esto con cierto cuidado debido a las heridas que tenía por la paliza del medio día y por el leve mordisco que le dio el perro.

Al salir del baño, escuchó un ruido extraño que provenía de la planta de abajo de su casa. Sam, con cierta cautela, fue bajando las escaleras. Mientras las bajaba pudo identificar que el ruido venía de la puerta de la entrada. Abrió la puerta y allí estaba... en el portal... el pequeño gato blanco.

Sam: Pero... como es posible... si apenas podía moverse... y el parque está bastante lejos, no lo entiendo...

Estaba perplejo, no se podía creer que el gato sin ayuda de nadie fuera capaz de llegar hasta su casa y encontrarla solo por el olor. Sam salió del portal y miró alrededor por si veía a alguien por allí que tuviera algo que ver con aquello, pero no vio a nadie.

En cierta parte, estaba aliviado de que el gato estuviera vivo después de todo.

Sam: Y ahora... ¿qué se supone que debo de hacer? (Se preguntaba a sí mismo)

Sam: Bueno, no tengo más remedio que cuidarte hasta que te pongas mejor, una vez estés bien tendrás que irte, no puedo cuidar mucho tiempo de ti.

Cogió al gato y lo metió en casa. Sam lo cuidó durante 2 semanas, lo alimentó, le dio el cariño que el gato necesitaba y así consiguió escapar del estado tan cercano a la muerte en el que se encontraba. Finalmente, el gato logró sobrevivir. Una vez llegado el momento en el que ya se encontraba bien, Sam era totalmente incapaz de dejar al gato en la calle. En menos de un mes ya se acostumbró a él y le cogió cariño, así que decidió que pese a todo, se quedaría con él y lo cuidaría como buenamente pudiera.

The Sleepwalking Demon Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora