Capítulo 2

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La chica prófuga o más bien emancipada se dirigía a paso ligero por un camino secundario hacia Valencia, ya había pasado una semana desde que se marcho del pueblo y cuando paso por un pueblo hacía una hora y leyó en el periódico local que en Villa-Tormes había sucedido un enlace entre dos personas, al instante supo quienes habían sido, pero lo que más le llamó la atención fue que en él decía que el enlace no era el esperado pero que se alegraban todos en el pueblo por la unión de la pareja.

En un mes logro divisar Valencia ya faltaba poco llegar y como había estado bordando por el camino, Teresa pensó que sería buena idea intentar vender sus bordados ahí.

Teresa: Se venden bordados

Estuvo intentando venderlos en el barrio judío que había ahí, pero al darse cuenta que nadie compraba ninguno, se fue hacia la plaza del pueblo a probar suerte.

Teresa: Se venden bordados hechos a mano y a muy buen precio

Señora: ¿Cuánto cuesta este?

Teresa: 2 reales señora

Señora: Aquí tiene joven, gracias

Teresa: Gracias a usted, que tenga un buen día

Señora: Igualmente cielo.

Siguió un rato más hasta que fue la hora de comer y como aun tenia de lo que le había sobrado en el desayuno lo aprovecho, después de comer y vender unos cuantos bordados más, estaba por irse ya hacia el sur, cuando se le acerco una anciana.

Anciana: Buenas tardes joven, ¿Todavía te queda algún bordado?

Teresa: Si me quedan estos dos, elija el que más le guste.

Anciana: Vale (Los miro muy atentamente) me quedare con este, ¿Cuánto sería?

Teresa: Este en concreto cuesta un real

Anciana: Muchas gracias, aquí tienes joven.

Teresa: De nada señora (Recogió lo que le quedaba y se subió al caballo)

Anciana: Espera joven tienes donde pasar la noche.

Teresa: Pues pensaba pasarla en la posada...

Anciana: De eso nada, ese no es lugar para una dama, te vienes a mi casa

Teresa: Pero señora no quiero ser molestia

Anciana: No eres una molestia (Teresa desmonto)

Al desmontar del caballo, Teresa acepto gustosa el ofrecimiento que la anciana y fueron a su casa, por el camino descubrió que se llamaba Luisa y que vivía con su marido en el barrio de los pescadores.

Luisa: Bien ya hemos llegado, puedes dejar el caballo en el establo.

Teresa: Gracias por todo señora Luisa

Dejo el caballo en el establo que al parecer se alegro bastante, se notaba que el animal echaba en falta dormir bajo techo, la chica entro a dentro de la casa que se veía bastante acogedora tanto por dentro como por fuera.

Teresa: En que quiere que le ayude

Luisa: Tranquila cielo no es necesario ya tengo todo casi listo solo falta que se haga tranquilamente en el fuego.

Luego de que pusieran la mesa, aunque a Luisa no le hizo mucha gracia que le ayudara ya que era la invitada la acepto gustosa la ayuda, mientras esperaban al marido de Luisa, Teresa se puso a bordar claro con algunos consejos de Luisa, que le recordaba a su abuela y a su madre, estuvieron bordando hasta que llego su marido.

Eduardo: Luisa cariño, ¿De quién es el caballo negro que hay en el establo?

Luisa: Hola cielo, es de Teresa

Edu: Y quien es Teresa

Teresa: Buenas noches señor, lamento haber estado escuchando yo soy Teresa

Edu: Buenas noches Teresa, por lo que veo habéis estado ocupadas.

Luisa: Si deberías ver los bordados que hace

Teresa: No creo que sean tan buenos

Luisa: Pero si te los quitaban de las manos

Edu: Y supongo que tu le has comprado uno

Luisa: Si me lo había dicho Manuela la hija del panadero que había una joven vendiendo bordados a dos reales en la plaza, me acerque para verlos, pero cuando he llegado ya estaba recogiendo y de todos los que tenia le he cogido este

Edu: Vaya sin duda vale los dos reales que has pagado por el cariño

Teresa: Bueno en realidad le he cobrado un real.

Después de esa breve presentación, se sentaron a la mesa para cenar y después irse a dormir cada uno para poder despertarse mañana temprano, Teresa salió a ayudar a Eduardo con la red.

Edu: Teresa que haces despierta

Teresa: Bueno quería ayudarle con la red ya que su mujer no me deja hacer nada en la casa

Edu: Así es mi Luisa, pero ahora dime ¿Qué estabas haciendo en la plaza?

Teresa: Estaba vendiendo bordados y bueno la verdad es (Mira para asegurarse de que Luisa no los escuchara) que me he ido de casa, porque no quería seguir doblegándome a las ordenes de mi padre y no quería casarme con el prometido de mi amiga

Edu: Pero porque no le dijiste nada a tu padre.

Teresa: Lo intente pero no me escucho, ahora mi objetivo es irme a América y no volver, por eso estoy vendiendo bordados.

Edu: Bueno pues perdona a este viejo pescador por lo que te voy a decir pequeña, se que ya tienes tus planes, pero me gustaría que te quedaras un tiempo aquí en Valencia para ayudarnos a Luisa y a mí, y a cambio yo te enseñaría a luchar.

Teresa (Sorprendida): Lo haría

Edu: Si, no creo que en el sur que seguramente te diriges ahí sea muy seguro ir sola, además tienes que aprender a defenderte porque en esa zona hay muchos bandoleros y tienes que aprender sigilo y equilibrio aparte de saber defenderte

Teresa: Muchas gracias Eduardo

Edu: De nada, anda vete a dormir mañana te espera un largo día. 

La chica le hizo caso y se fue a la habitación que tenían libre, en teoría era para los hijos de estos pero ellos no venían a verles nunca por lo que ahora mismo estaba desocupada y no tenían inconveniente en que ella se quedase, es mejor que el establo.

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