Aquel día, por fin había llegado. En las tierras del Norte era recibido como una celebración. Un recordatorio de su superioridad sobre otras razas. Los estandartes de cada familia ondeaban en el viento,que aquel día soplaba favorable para un buen vuelo. Muchos de los jóvenes que harían la cacería por primera vez aquel año esperaban impacientes a que el sol saliera aquel día. Tendrían la oportunidad de continuar el legado de sus familias. Era una tradición,una forma de ascender socialmente y de demostrar tu superioridad sobre los demás de su especie. La gente reía,bromeaba y cantaban canciones sobre los grandes héroes del pasado. Cuándo la hora se fue acercando,la gente se preparó en la entrada de la cueva principal,desde donde el actual rey daría la salida cuando los primeros rayos del sol iluminaran el horizonte.
La situación era completamente contaría en las tierras del sur. Aquel día era el Día Negro. El viento soplaba y traía el olor de la muerte. Todos estaban tristes,no había música,risas,ni juegos tampoco se contaban historias sobre sus antepasados. Simplemente un perturbador silencio en las calles. La gente estaba preparada para defender a la población. El ataque sería inminente. Solo debían de esperar a la salida del sol y confiar en que la suerte les acompaña en aquella terrible jornada.
Los corazones de ambas partes palpitaban,unos de la emoción de la cacería y otros del terror del Día Negro. Los primeros rayos el sol naciente comenzaron a iluminar el horizonte. Era la hora decisiva ,el momento por fin había llegado. Las manticoras elevaron el vuelo y se dirigieron velozmente a las tierras del sur. Su llegada se hizo notar con un estruendoso rugido. El pánico corrió en la ciudad. Las familias se abrazaban y temblaban. Los niños intentaban encontrar cobijo bajo la protección de sus padres. La guardia,a pesar de estar bien preparada resistió hasta medio día ,después cayó dejando la aldea desprotegida. Las manticoras prendían fuego a algunas casas para que los refugiados no tuvieran otra alternativa que salir. A eso de las 5 el caos y el pánico de la ciudad era total. Cuándo ya por fin la noche iba a caer las manticoras obedecieron al toque de un cuerno que sonaba desde la distancia y llevándose sus trofeos volvieron a casa. Todas excepto uno el joven Licastos ...que trataba de pasar desapercibido entre las sombras...No quería volver, tenía miedo. Su padre le crío sin importarle demasiado su físico, ya que aparentemente el mismo Kazthar había sido algo menos a la estatura media, y sus alas también, antes doradas como el mismo oro, cambiaron de color y se volvieron profundas como la noche, perfectas para la caza nocturna.
¿Licastos? Para nada había cambiado desde que salió del cascarón. Tampoco quería admitirlo, él odiaba la cacería. Todos hablaban emocionados sobre este día del año, dónde puedes cazar todo lo que quieras fuera del norte, pero él no pensaba en la comida, ya que había gracias a la ganadería, solo podía pensar, cómo se sentiría la gente fuera de su pequeño mundo del norte, siendo desgarrados, ellos y sus familias, por seres que ni siquiera necesitan hacer algo como esto.
Pasó el día viendo como sus compañeros masacraban, algunos ni siquiera se llevaban lo que cazaban, simplemente lo dejaban ahí, porque era divertido matar aparentemente. Licastos no se llevó ninguno de esos cuerpos, quería que sus familias, si estaban vivas, pudieran realizarles un entierro y despedirse. Para su desgracia, sería él el muerto si no llevaba nada, así que en su último intento desesperado, oyó algo, un llanto, no muy lejos, y aprovechó. Bajos unos escombros, junto al ensangrentado cuerpo de una pobre mujer, había un bebé, y licastos dudó, porque no quería llevárselo, pero no tenía tiempo. Acercó su zarpa al menor, y le rozó ligeramente el moflete, limpiando un poco de sangre.
- Lo siento... De verdad... Pero si te dejo vivir, solo tendrías que pasar por el mismo infierno un año más...
Puso una garra en la garganta del menor, un corte y se acabó el sufrimiento.
- Puedo hacerlo... DEBO hacerlo...
Y lloró, junto al bebé, en silencio, empapando el suelo con sus lágrimas, repitiéndose que no tiene opción. Oyó entonces a algo acercarse, y aún dudando, dejó al bebé y se escondió tras unos escombros cercanos. La noche por fin había llegado, y esto provocaba un cierto alivio que mezclado con el desasosiego de los faunos creaba el ambiente de tensión perfecto. El viento soplaba frío y la sangre corría por las calles. Los supervivientes buscaban a sus seres queridos o lo que quedaba de ellos por las calles. Pepper ya había perdido todo en anteriores cacerías así que no dudó en alistarse a la partida de salvamento de víctimas. A cada paso que el joven fauno daba veía destrucción y desolación. Madres llorando la muerte de sus hijos que habían luchado tenazmente. Niños que al igual que el en un pasado habían quedado huérfanos. Las cacerías eran terribles y el muchacho no podía sacarse de la cabeza que en 364 días aquello volvería a pasar. Se acercó a unos escombros atraídos por el sonido de un llanto ,era un cuerpo de una mujer que portaba un bebé. Pepper cogió al bebé apartando el ensangrentado cuerpo y lo envolvió en una manta. Aquella noche sería una noche larga. No podía creer la crueldad de las criaturas del norte. Aquella noche no habría música, ni bailes ni risas por las calles solo desolación, y el viento que se llevaba las últimas palabras de los que aquella noche habían encontrado su final en las garras de alguna bestia.
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Lo Que Enfrentamos Juntos
RandomNuestro mundo era pacífico cuatro razas convivían en perfecta armonía,: las hadas, los centauros,las manticoras y los faunos. Pero los tiempos de prosperidad no duran para siempre.... Una enfermedad,una guerra, desolación y hambre. Las gentes que ha...
