Capítulo 2: Elisa.

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El machete estaba manchado con sangre, pero esta era distinta, casi negra y coagulada.

Volví a entrar al departamento buscando un trapo con el cual limpiar el machete, no tenía ni la menor idea de cómo estaban las cosas por las calles y si no ocurría nada de seguro el salir con un machete todo cubierto de sangre no sería algo bueno. Después de limpiarlo camine hacia las escaleras, casi completamente a oscuras donde la única iluminación era el tenue brillo que proporcionaban las luces de emergencias.

No me atrevía a asomarme cuando llegaba a otro piso, solo seguía bajando, hasta que en el piso tres choque con una chica, sus ojos emanaban miedo y su respiración se notaba acelerada.

―Co... Corre ―. Me dijo tartamudeando, mientras le tiritaba el mentón.

Subió las escaleras a toda velocidad.

No atinaba a moverme solo estaba ahí, parada mirando a la oscura pared que tenía enfrente. El miedo en sus ojos me había dejado petrificada, al verla visto a ella escapar de algo o alguien me hacía darme cuenta de que esto no era un simple virus misterioso.

Oí unos pasos provenientes de abajo, con valor me dispuse a bajar, entonces lo vi, un contagiado como de un metro setenta al frente de mí. Por un instante se me quedo viendo, luego rugió y comenzó a correr hacia donde me encontraba, movía mis pies de un lado a otro sin saber la dirección que indicaba mi cerebro, el hombre se me abalanzo tratando de morder mí el cuello, pero yo aún tenía fuerza para evitarlo.

Con la mano derecha comencé a sacar el machete del abrigo y se lo clave, con ambos brazos me saque el cuerpo de encima, estaba cubierta de sangre pero no había que pudiera hacer.

Seguí bajando hasta llegar al primer piso, la recepción seguía vacía, en cambio, la gente en las calles corría espantada. Camine hacia la calle para ver de que corrían, cinco infectados corrían en mi dirección, comencé a correr y me metí en un callejón que daba hacia otra calle, los contagiados dejaron de perseguirme, tal parecía que ahora tenía la vista puesta sobre un hombre de unos treinta años.

A pesar de que me había librado de aquellos contagiados, en la otra calle estaba la misma situación, sabía que no tenía escapatoria, decidí que lo mejor sería luchar cuando fuese necesario por ahora solo caminaría tratando de pasar inadvertida y trataría de aprender un poco sobre lo que estaba ocurriendo.

Mientras caminaba vi un bus chocado contra un árbol, lleno de infectados, unos diez aproximadamente. Una chica de unos dieciséis años estaba en una de las esquinas del bus rodeada de cuerpos, no hacía nada aparte de mover su cabeza de un lado a otro tratando de ver si algún contagiado se le acercaba, sabía que tenía que ayudarla si la dejaba ahí seguro moriría, pero eran demasiados no podría matarlos, no como lo había hecho antes.

Me acerque al bus unos cuantos metros y con el revolver apunte a uno de los contagiados que se hallaba más cerca de la puerta, dispare dos veces, una de las balas solo rozo su cabeza, pero a pesar de que esta no había dado en el contagiado había servido para atraer a los demás alejándolos de la chica, cada vez los contagiados se acercaban más y más a la puerta.

―¡Eeeh! vengan hacia mí, carne fresca, ¿acaso no tienen hambre? ―Gritaba a toda voz atrayéndolos a mí.

Los contagiados empezaban a amontonarse en la puerta hasta hacerla romperse y correr hacia mí.

―¡Mierda, mierda, mierda! ¿Qué hago?

Ahora yo era la presa, ahora yo estaba en desventaja.

Me encarame a un auto y cuando ya estuve arriba de este comencé a dispararles, la mano me temblaba y no lograba darles. Derribe tres, pero aún quedaban seis y me quedaba una sola bala, decidí guardarla en caso de extrema emergencia, solté mi mochila y busque mis cuchillos.

Salte del auto y empecé a correr hacia ellos, tendría que enfrentarlos cuerpo a cuerpo, ya comenzaba a sentir el miedo esparciéndose en mi interior, cuando me encontraba a unos dos metros de distancia lance el primer cuchillo, este le dio a uno alto y robusto era muy rápido pero de los más torpes, ahora solo quedaban cinco, comencé a lanzar los cuchillos a diestras y siniestras logrando darle a tres. Los que quedaban eran los más ágiles, había algo raro en ellos como si conservaran el reflejo, les lance uno de mis cuchillos ambos lo esquivaron como si se tratase de una simple hoja.

Con lo poco que había luchado contra los infectados había notado que había tres tipos de contagiados, los primeros lentos y torpes como el novio de mi vecina llamados "Scott" en honor al susodicho, los segundos más rápidos pero torpes como el robusto que mate hace unos instantes, portarían el nombre de "Bluck" y los últimos eran los ágiles como los dos que quedaban por matar a estos los llamaría "Gloss".

Los dos infectados comenzaban a correr hacia mí, me preparaba para defenderme, pero uno de ellos cayó. La chica del bus lo había atravesado con un fierro, me sorprendía que estuviese de pie pensando que parecería estar en estado de shock, mientras observaba la escena, el otro contagiado llegó hacia mí, se me abalanzo haciéndome caer y soltar el machete.

La chica se acercó por detrás golpeándole la cabeza con aquel fierro, matándolo al instante.

―Daniela ―salude extendiéndole la mano, esta me ignoró―, pero me dicen Peich, un gusto.

―Elisa.

Su voz era seca y arrogante.

Hubiese sido mejor dejarla ahí como presa, me pensé.

―No te mataría decir gracias ―le espete.

Alzo una ceja como si no entendiera a que me refería, esta chica aspiraba arrogancia.

―Gracias.

Su voz seguía siendo igual de arrogante, pero el tono había cambiado, se notaba preocupa, nerviosa, como si su mente se háyase en otro lugar.

―¿Te ocurre algo? ―Interrogue, tratando de sonar amigable.

―Es mi hermana.

―¿Venia contigo, no lo sé, si quieres te ayudo a buscarla?

―No, debe hallarse en su escuela y de todos modos preferiría buscarla yo sola.

―¿Oh vamos debes estar bromeando, te acabo de salvar el culo de esos zombies ―la palabra "zombie" salió tan repentinamente de mi boca que sentía como se me formaba un nudo en el estómago―, y ya te las das de valiente? ―le solté.

―Si no mal recuerdo mate a dos de esos y como te he dicho antes prefiero ir sola, sin gente que me retrase.

Solté un bufido, ¿Quién se creía esta para decir que la retrasaría?

―Como quieras, suerte en lo tuyo.

―Igualmente Peich.

Asentí y camine dándole la espalda.

―Vaya chica más mal agradecida ―me queje cuando ya estuve un par de metros alejada de ella.

Acomode la mochila y me encamine hacia unos edificios, tendría que buscar un lugar donde pasar la noche.


Dead runner.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora