9.5

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—Hiro ya no puedo con esta tarea, ¡ayúdame!— El genio rodó los ojos y se acercó a la mesa del café donde Miguel trabajaba.

—¿De que es tu tarea?

—¡Matemáticas!

—Okay ¿y cual es tu duda?

—Pues si dos más dos son cuatro y cuatro más cuatro son ocho ¿por qué me gustas tanto?— Preguntó Miguel con una sonrisa boba y mirando a Hiro qué lentamente pasaba de tener la tez clara a un rojo obscuro.

—Dime la verdad, ¿Te caíste de pequeño o así de tonto eres desde siempre?— El azabache le dio un buen zape al moreno y regreso a ayudar a su tía en el café.

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