Me despierto en medio de la nada. De la oscuridad. Will está durmiendo plácidamente, abrazado a mí. Supongo que todo el mundo estará durmiendo en la casa, menos yo. Tenía sed. Fui a la cocina y, a pesar de no ver nada, conseguí guiarme. Me bebí dos vasos repletos de agua fresca. Sabía que al otro lado de la ventana estaba el cobertizo. El viejo y abandonado cobertizo.
Me acerqué hacia allí y me senté en el suelo, al lado de las armas. Empecé a acariciarlas con las yemas de los dedos. Aquellas armas, que eran de mi padre, llevaban sin usarse desde hace cinco años. Desde aquel terrible día.
Iba mejorando con mi dominio en las armas. Aquel día me mostró cómo lanzar correctamente la lanza. Ya sabía algo, pero necesitaba más práctica. Mi hermano y yo seguíamos sus consejos: él era un veterano de "El Ocaso". Haríamos mal en no confiar en nuestro padre.
Llegaba el atardecer, y con él "El Ocaso". Papá cogía sus armas para irse al campo de batalla. Cada vez que iba a combatir en "El Ocaso" se despedía de nosotros con un beso en la mejilla y un fuerte abrazo, interminable en mi caso. No dejaba nunca que se marchase. Mientras lo abrazaba, él siempre me susurraba las mismas palabras al oído con su dulce voz:
— Si alguna vez me llegase a pasar algo, no abandones esto. Por favor. No permitas que nada ni nadie te frene.
Al oír esto, siempre caía alguna lágrima por mi mejilla. No quería que le pasase nada. Era mi padre, mi entrenador, mi psicólogo, mi todo... Y pensar qrue algún luchador lo podía matar en "El Ocaso" no me dejaba dormir.
— ¡No te va a pasar nada! Siempre ganas, y siempre ganarás. Eres mi héroe, mi ídolo. Tenemos que seguir con la lanza. Si tú no estás, ¿quién me entrena? ¿quién nos entrena? Sin ti... Yo no soy nada sin ti — le susurré, abrazándole todavía más fuerte.
Él simplemente me respondió con un beso en la frente. Cogió sus armas y su silueta se perdió en el horizonte.
Aquella tarde Will y yo nos fuimos a nuestra finca a las afueras de la tribu: "The Desert". Allí era donde papá me entrenaba a escondidas de mamá. Estábamos hablando tranquilamente, hasta que mamá llegó. Caminaba rápido y se notaba su respiración acelerada. A medida que se acercaba, se oían sus llantos. Se paró delante de nosotros. Nos miró, pero solo acertó a decir:
— Sabía que esto pasaría.
Lágrimas salieron de mis ojos como si de ríos bravos se tratasen. ¿Quién me iba a decir a mí que aquella luz que me guiaba en la oscuridad abismal se apagara de repente? ¿Y ahora qué sería de mí, de nosotros? No podía aguantar aquella situación. Todo me agobiaba en ese momento: el viento chocando contra mi piel, los rayos de sol alumbrando mi rostro... hasta mi tenue respiración me molestaba. Necesitaba un lugar donde poder estar sola, poder soltar todo lo que guardo dentro. Busqué el cobertizo que había en "The Desert". Me encerré y solté un mar de lágrimas al lado de las armas de papá.
Cuando volvimos a casa ya nada era lo mismo. Pasaba los días en "The Desert" entrenando como podía y en las noches apagadas el cobertizo de la casa era mi cama.
Una noche más el cobertizo se había convertido en mi refugio, mi pasaje al pasado.
— ¡Christine, despierta! ¡Despierta! — gritaba Will hasta que abrí los ojos — ¿Qué haces aquí? Pensaba que lo habías superado.
El sol ya estaba en lo alto, pero para mí el día seguía siendo tan oscuro como la noche.
— Will, esto jamás lo superaré. — cerré los ojos
— Estar aquí no te va a ayudar a superar la muerte de papá. Vámonos. Como mamá nos vea aquí, nos va a caer una buena bronca — me empujó Will hacia la puerta.
— ¿Nos vamos a "The Desert"? — le susurré al oído.
Asintió y salimos de la casa sin que nos viera mamá. A ella no le gustaba nada que Will luchase, pero era obligatorio. Mamá siempre temía que en un futuro terminara como papá. Lo que no sabía ella era que yo también entrenaba. Nadie podía saberlo. Ni ella. Estaba dispuesta a cumplir con la voluntad de papá. Las últimas palabras que me dedicó. Aquellas que calaron tan dentro de mí.
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El Ocaso
Science FictionChristine Brown, una chica de dieciséis años, ciega de nacimiento, vive en un mundo controlado por un duro gobierno y separado en multitud de tribus, en el que obligan a los hombres a luchar a muerte en una batalla realizada cada atardecer, conocida...
