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Soy de las personas que dicen una cosa y hacen otra, por eso no me gusta jurar pero no les hablare de todas las cosas que jure y jamas cumplí, considero aburrido el pasado.
 Ya perdí la cuenta cuantos días llevo sin bañarme, mis dedos no pueden recorrer ni la mitad de mi cabello que para el colmo es largo. Cuando lo intento mis dedos se atoran entre la maraña de nudos que tengo por no cepillarme, ademas que se queda en estos la sensación sebosa que deja el sudor de mi cabeza.
No voy a negar que me doy asco, el hecho de verme tan sucia me causa conflicto pero mas allá del asco esta la tristeza... se siente amargo el hecho de que me descuide así pero simplemente jamas tengo ganas de tomar un baño o cepillar mi cabello.

Las flores marchitas en mi jardín son las únicas que extrañan el agua, he descuidado un poco el jardín que tanto amo pero no tengo ganas de levantarme siquiera de mi cama. he perdido el amor por todo aquello que solía hacerme feliz, ya no me causa emoción ver abrirse las flores o escuchar la radio por las noches. solo quiero dormir para que el tiempo pase mas rápido por que cada minuto despierta es como si pasara en cámara lenta

- Mírate Marie... dando lastima como siempre - estaba frente al espejo, mis hinchados ojos y mi cabello terriblemente frágil era lo que a simple vista se reflejaba - Ya lo se, déjame en paz

Suelo hablar conmigo misma, me trae consuelo. Le grito al espejo y me respondo... ¿estoy peleando conmigo misma? así lo siento todos los días, el día de ayer es igual que hoy y la rutina no me ayuda

- ¡¿Qué te falta?! ¡Das asco, Marie! Mátate... - las lagrimas salieron solas pero esta vez no se detuvieron - ¡Déjame! yo no merezco tanto sufrimiento... cállate, cállate, ¡cállate!

De verdad me esfuerzo, pero me siento estancada, no siento que mis esfuerzos valgan la pena. 
Me sujeto mi cabello para disimular el brillo y me coloco ropa limpia que me haga ver presentable, todo para subir con mi jarra a atender mis flores. Tengo mi pequeño jardín en la terraza, siento que ahí el sol les favorece mas y si mi madre estuviera en casa disfrutaría su regaño al ver que ensucio el azulejo con mis pies enlodados. 
Me detengo frente a la llave de agua y coloco agua en esta, decido meter mi mano en el chorro para sentir aunque sea un poco de agua fresca pasar por mis dedos.

¡No! no de nuevo... solo puedo ver como el agua se transforma en una masa viscosa y negra que me hace soltar la jarra de la impresión, dando pasos hacia atrás y mirando desde mi lugar como la masa tomaba una forma humana. Soltaba un olor tan desagradable que solo con pasar por mi nariz me hizo asquear, sonara exagerado pero en cuanto estuvo delante mio no aguante la situación y vomite, solo pudiendo bajar la cabeza para que todo cayera en el piso, aun así llene mis pies y parte de mi cabello. Debido a mi pobre alimentación mi estomago solo pudo devolver unas galletas trituradas y mezcladas con jugo de manzana e un poco de jugo gástrico

La criatura se acerco a mi y tomo la forma de mi madre... idéntica, puso sus viscosas y asquerosas manos en mi rostro, tomando mis mejillas con cariño. Estaba por volver a vomitar, pero fui interrumpida por las manos nuevamente, obligándome a mantener la boca cerrada y la cara levantada, no ayudo en nada que sus manos también despidieran ese desagradable olor pues solo me provocaba mas ganas de vomitar y aquel vomito me estaba ahogando.
Era una sensación horrible, estoy segura que todos han vomitado alguna vez, era combinar aquella desesperación y el ardor en la garganta con el hecho de que lo que mi cuerpo expulsaba no podía salir ni volver a entrar ya que mi cuerpo solo quería vomitar mas. Lleve mis manos a las suyas, en mi desesperación quise rasguñarle con la esperanza de que me soltara, sin embargo su viscosidad hizo que mis uñas traspasaran su ser y terminase rasgando con furia mis propias mejillas, ni siquiera quiero recordar el dolor que me causo el intentar gritar y solo ahogarme mas.  Bendigo el momento en que tal vez por falta de aire perdí la conciencia 

- ¡Marie! abre los ojos hija... - Esa voz... ¿mamá? ¿sera solo una ilusión? - Hija, por favor 

Al abrir los ojos encontré a mi madre, mi verdadera madre. Tenia una expresión preocupada que era opacada por el brillo del sol ardiente que me cegaba la vista pero sabia que era mi madre por el como me tomaba en brazos

- ¿Cuanto llevas aquí en el sol? Dios Marie...

No dijo nada mas, me bajo cargando y me metió al agua para limpiar mi quemada piel por el sol, lo hacia con tanto cuidado por las ampollas de mi piel pero por mi parte no decía nada, ni siquiera me quejaba por lo débil que estaba. Seguía sin comprender el que había sucedido, nuevamente se sintió tan real pero no lo fue... por ahora prefería concentrarme en como mi madre con cariño lavo y desenredo mi pelo con el cuidado necesario... aun recuerdo como el cabello se me caía a puños por haberlo descuidado, mi madre negaba con desaprobación pero no recibí regaño, se sintió tan ajeno y extraño. Me dijo que solo me colocara ropa interior y así lo hice, pero fue inevitable sentir el dolor al estirar mis brazos, las ampollas parecían no dejar de doler así que mi madre me dio un analgésico y coloco pomada para bebes, si, aquella que les ponen cuando el pañal o un mal cuidado los lastima, funciona sorprendente en las quemaduras

- Mamá... - Le dije mientras ella colocaba mi pelo en una coleta 
- ¿Si?¿Qué pasa?  
- ¿Por qué me tratas tan bien? - Mi pregunta la dejo helada. 

Mi madre siempre ha sido demasiado exigente conmigo, muchas veces me dijo que le daba vergüenza ser mi madre cuando sacaba malas notas o que era una buena para nada, una llorona. Lo único que jamas sacare de mi cabeza fue cuando me llamo estúpida, me dio un fuerte golpe en la mejilla y yo asustada me tire al suelo, eso la hizo enojar mas pues a base de manotazos me siguió golpeando, ordenándome que me levantase.

- ¡Callate y levantate! - Lo dijo después de darme un manotazo que resonó en la cocina
- ¡Dejame! por favor... - Estaba llorando mares pero con un brusco jalón de pelo me obligo a levantarme
- ¡Ojala te vayas pronto de esta casa! vete a tu cuarto y como te escuche llorar lo vas a lamentar...

Aun con los golpes corrí con todas mis fuerzas a mi habitación y cuando estaba encerrada en la seguridad de esta, deje de sentir mis piernas y caí, llore en silencio mientras balbuceaba por ayuda pero ¿a quién se acude cuando tu única protección te desprecia?
Me metí al closet, tal vez el único lugar en el cual se bloqueaba el ruido y con eso en mente me solté a llorar... me abrace a mi misma y golpee mi cabeza inconscientemente, mis uñas se clavaron en mi piel y descargue el dolor en rasguños que terminaron sangrando. Al día siguiente tenia un morete en la pierna provocado por mi madre que me imposibilitaba caminar ademas de mis rasguños y aun viéndome en ese estado mi madre no presento el mas mínimo arrepentimiento o al menos no lo demostró pues hasta la fecha no me ha pedido perdón... 

- Porque soy tu madre Marie... 
- Y apenas lo notas - no pensaba aguantarme las ganas de responderle mas. El hecho que me haya educado de esa manera no me provoco respeto hacia ella, me provoco temor, pero ahora tenia cosas mas grandes a las cuales tenerles miedo - Tu me odias...
- Eso no es cierto Marie, deja de decir estupideces 
- ¡Como soy una estúpida es lo único que se decir!- La mire, mis ojos lagrimeaban pero mi cara estaba seria - Tu misma lo dijiste, m-a-m-á

Se alejo de mi cama y prendió el ventilador para mantener fresco mi cuarto, fue lo ultimo que hizo antes de salir y volver solo a traerme la comida... Pasta con queso, al menos aun recuerda mi comida favorita.


La soledad de la oscuridadDonde viven las historias. Descúbrelo ahora