O1; Dia tranquilo.

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Quería ir a visitar a mi abuelo antes que a todos, de cierta manera hace meses que no le veo. Suspire ya cansado, todo hubiese sido más fácil sí los chicos siguieran viviendo en Miyagi, pero como tantas cosas, debo entender que todo cambia.

Aquello último era lo que menos me gustaba.

Sonare algo infantil, pero en el fondo de mi consciencia, quería que el tiempo no pasará. Me dirán es imposible, pero es así, un mero capricho que mi vida quería. Por eso decidí viajar por el mundo, quizás de esa manera, no me daría cuenta de los cambios que tenían la mayoría de las cosas.

Que el tiempo avance es lo malo, porqué cuándo menos lo esperes, tus seres queridos ya no estarán, los buenos momentos se te iran de las manos, y de esa manera, muchas cosas más.

Un sonido retumbante resonó en el baño donde se encontraba, y con ello unas manos marcadas en sus mofletes, el no era así, debia ser más positivo, no tenía que tener miedo de nada.

Tomó un gran bocado de aire, y salió del cubículo donde se estaba cambiándo su ropa veraniega, ahora llevaba consigo unos jeans claros junto a una remera manga larga de color negro, y sobre esta última una campera bastante buena para sentir que no se estaba cogelando, y por supuesto también llevaba su infaltable calzado negro.

Ahora que lo pienso, si quiero volver a jugar al Volley, esperó poder encontrar un buen equipó que tenga la camiseta negra. Sonreí más emocionado que antes, no podía esperar para volver a sentir todos los sentimientos que me causan levantar un balón y que todos digan ¿Como logró salvar éso?

Cuando salí de aquel lugar respire el ambiente de afuera, no podía ignorar las ráfagas de viento, pero solo podía pensar en que estaba de vuelta.

Era Jueves por la noche, pero en la casa de los mayores de aquel grupo de amigos tan desiguales, parecía un lunes por la mañana

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Era Jueves por la noche, pero en la casa de los mayores de aquel grupo de amigos tan desiguales, parecía un lunes por la mañana. Un peligris se encontraba cocinando los aperitivos para esa noche, y dado que debía hacerlo solo, se le era más complicado por la cantidad que era. No podía pedirle ayuda a su novio, porqué este quemaria su amada cocina, por lo que prefería mantener al mayor ocupado con la limpieza de la casa.

— Suga, ¿estas seguro que no quieres mi ayuda? El agua hervida me sale de maravilla —dijo resoplando el otro, ya había terminado con la limpieza del lugar, por lo que se encontraba aburrido en el sofá, reviendo los partidos de Volley del torneo nacional del año pasado.

— Es por eso justamente que no necesito tu lindo trasero aquí Daichi —dijo mientras terminaba de hacer el postre, y revisaba que la carne en el horno no se quemase — Además, Kiyoko y Yachi vienen en camino.

La historia de esas dos chicas era bastante divertida, ambas se habían enamorado en el tercer año de preparatoria de la pelinegra, pero por obviedad en ese tiempo no pudieron confesarle sus sentimientos a la otra, pero cuando volvió a ocurrir lo mismo en la universidad que ambas estaban, sucedió lo que tanto habían esperado todos, que lograran entenderse por fin, y así como Daichi y el vivían juntos en Tokyo, la pareja de chicas también lo hacía a pocas cuadras de su residencia.

𝐍𝐮𝐞𝐯𝐨 𝐂𝐡𝐚𝐜𝐚𝐥 •°•𝒜𝓉𝓈𝓊𝒽𝒾𝓃𝒶•°•Donde viven las historias. Descúbrelo ahora