Jueves su día anhelado en otoño, su etapa favorita.
<< —Eres tan raro que ninguna chica te querrá Erik —le levanto el dedo medio, lo que incitó que golpeará hasta dejar inconsciente a un compañero de su escuela. >>
<<—No vas a tener familia si sigues con ese comportamiento Durm —le advirtió su psicóloga cuando era pequeño. >>
No tenía ninguna mujer a su lado que lo amase, ni tampoco tenía una familia, ni estaba próximo a tener una, por qué ¿Cómo se va a tener una si no había encontrado a la mujer de su vida? Aunque él ya la había encontrado sólo que no le pertenecía.
Eran ciertas todas las palabras que le habían dicho de pequeño.
Dejo de ver los árboles por la ventana mientras estaba perdido en los recuerdos y miro directamente al asiento donde estaba la mujer que no había tenido la oportunidad de verla porque su mente estaba en un gran revuelto. Dejo salir un pequeño jadeo de dolor cuando la vio sentada con una gran sonrisa sosteniendo a un niño en sus brazos y un hombre a su lado sonriéndole.
Apretó su taza de chocolate con tanta fuerza que se rompió. No se quejó al sentir la bebida caliente en sus pantalones ni los pedazos de cerámica en sus manos.
—Señor ¿Se hizo daño? —pregunto un aciano de la cafetería tomando los trozos grandes de lo que se llamaba taza. Él lo miro seriamente, pero no puedo alejarlo con su mirada, pues la mirada de aquel anciano era pasiva y daba mucha relajación, soltó un suspiro e hizo una mueca.
—Sí, pero no pasa nada —el anciano le sonrió y él también lo hizo.
—Traeré unas servilletas para limpiar, con permiso.
Erik miro sus manos que estaban sangrando, sonrió macabramente mientras se sacaba los pedacitos de trozos de las manos y los dejaba en la mesa. Disfrutaba esa sensación de dolor.
Se levantó y al pasar cerca de aquella feliz "familia" miro de reojo a la mujer. Mordió sus labios para no soltar un sollozo al ver la imagen de la mujer haciéndole cariños al niño pequeño.
Se metió al lavabo miro sus ojos que en sus lagrimales se estaban acumulando lágrimas, suspiro y lavo sus manos. Al final seco sus lágrimas que las había dejado salir orgullosamente.
Salió y sin importar nada miro otra vez a donde se ubicaban. Ella le dedico una mirada y sonrió, pero él no. Lo que hizo que a la mujer le extrañará su gesto, la dama miro sus manos y sus dedos no estaban clavados en su piel, tampoco estaba mordiéndose los labios ni ninguna acción que ella había descubierto cuando siempre lo veía desde su puesto.
"Si nosotros dos estuviésemos juntos... ¿seríamos una gran familia?, Yo amándola a usted, usted amándome a mí y ambos amando a nuestros hijos.", escribió y releyó lo que había escrito riendo amargamente.
"Usted nunca va a ser mía. No sé por qué no dejo de montar este tren cada Jueves, porque le admito que solamente lo abordo por usted, no para ver a mi madre."
Volvió a mirar a la familia y tomo la decisión.
"Cuando baje de este tren créame que nunca voy a volver a subir."
El anciano volvió con otra taza de chocolate y limpió la mesa llena de la bebida, Erik agradeció.
<<—No te rindas tan rápido, el "demonio" que tenemos dentro de nosotros puede ganar. Pero te aconsejo que no lo dejes que tome el poder —le aconsejo Grosskreutz, después del show que había hecho el lunes. >>
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Tercer Vagón | Erik Durm.
Conto"Sólo pasa un trayecto de dos horas a su lado y miles de horas pensando en ella." © LiebeReus
