30

12.3K 676 379
                                        



Me miré al espejo, mientras mi madre me recogía los mechones delanteros en una trenza fina hacia atrás y el resto del pelo abajo. Después, sacó dos pequeños mechones a los lados para darle un toque desenfadado al peinado.

—Estás preciosa.

La miré desde el espejo y le sonreí sin muchas ganas.

Esa mañana teníamos el juicio en el que juzgarían a mi padre, a Ward y a Rafe Cameron. A Barry lo llevarían también, pero no había estado encerrado como el resto. Mi madre estaba claramente triste, y decepcionada. Ya no sonreía ni estaba alegre. Su marido no era la persona de la que se había enamorado. ¿Se recuperaría algún día de aquello? Esperaba que sí.

Pedro estaba serio como siempre, pero sabía que había llorado por las noches. Y Joaquín no se enteraba bien de lo que había pasado. Lo dejaríamos en la casa de Kiara y sus padres lo cuidarían. Le habíamos dicho que papá estaba en México intentando resolver un par de cosas y que tardaría un poco en volver.

—Olivia, cariño —me dijo dentándose a mi lado.

La miré. Tenía la cara seria con ojos tristes. Estar de esa manera la hacía parecer más vieja, había perdido su luz y sus arrugas eran más visibles. Si mi madre estaba mal, se le notaba rápidamente.

—He estado pensándolo... y creo que vamos a volver a España.

Mi expresión cambió de tristeza a sorpresa. Agarré la madera de la silla con fuerza.

—¿Qué? ¿Por qué?—me desagradaba muchísimo la idea. Volver a España no estaba en mis planes ni lo estaría—. Estamos bien aquí.

—No, Olivia, tú estás bien aquí. Yo no.

Miré a otro lado, mordiendo mi labio e intenté no llorar. No sabía qué responder. El solo hecho de pensar en dejar atrás a los Pogues, me hacía querer gritar y llorar de la impotencia. Después de todo lo vivido aquí... no quería imaginarme volver a España. Simplemente no.

Pero por otra parte, ¿qué le quedaba a mi madre aquí? No tenía amigos, no tenía a su familia, y mucho menos a su marido. ¿Qué pintaba aquí? Se tenía que sentir excluida y sola.  Mordí mi labio, porque me temblaba.

Mi madre me abrazó, sabiendo cómo me sentía yo en ese momento. Entonces me convertí en una cascada. Comencé a llorar y me aferré a ella.

—Sé que es difícil —dijo ella con la voz en un hilo—. Sé que es muy egoísta de mi parte hacer que tengas que cambiar tanto de hogar, y que una vez que estás bien tengas que volver a decir  adiós, pero Olivia, yo aquí no puedo hacer nada.

Nos separamos y la miré mientras ella limpiaba mi cara.

—¿Cómo nos mantendríamos aquí?

—Puedes... —comencé a tener hipo por el llanto—. No sé... —miré a los lados, pensando—. Trabajar en el restaurante de Kiara o algo así.

—Eso no nos mantendría a cuatro personas. El trabajo de camarera no es un trabajo que pueda darme el dinero suficiente.

Sabía que era verdad, pero quería buscar cualquier cosa, la más mínima, para evitar que nos fuésemos de aquí.

—Mamá —habló Pedro llegando a la habitación—. Son ya en punto.

El juicio era a y media, así que debíamos salir ya. Mi madre asintió, me agarró la mano para darme fuerzas, aunque ella necesitaba más, y nos levantamos.

Tres horas después, salimos del juicio. Había sido intenso. Sarah lloró mucho, tuvo que explicar todo con detalle. Lo que había hecho su hermano y lo que había hecho también su padre. Una mujer que mi grupo conocía, cuyo marido murió por el huracán Agatha, confesó que Ward fue a su casa a contarle a su marido que había matado al padre de John B. John B también tuvo que contar con pelos y señales todo lo que había ocurrido con los Cameron y lo que Sarah y él tuvieron que hacer una vez en Las Bahamas.

COUNTING ON YOU | OUTER BANKSDonde viven las historias. Descúbrelo ahora