Sin lágrimas que llorar (20)

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Hoy es 28 de Mayo, y se cumple un año del nacimiento de Diego y consigo, es el aniversario de mi reinicio. 

Me encuentro sentada en el jardín, observando como miles de flores han florecido en tan solo un año. Es muy curioso porque en todo momento, el jardín  ha sido mi más fiel representante de mi estado como persona; hace un año estaba perdida y triste: estaba marchita. Y ahora, el jardín se encuentra con muchos colores, lleno de alegría y ese olor a miel que me trae tantos buenos recuerdos, justo como yo. 

Es un día especial, es un día donde debo reflexionar acerca de todo lo que he vivido hasta ahora. Sé perfectamente que me falta mucho por vivir, pero siento que en tan solo 24 años he aprendido tanto  como si hubiese vivido más. 
Ahora, mientras escribo esto no estoy ajena al bombardeo de recuerdos que llegan a mi mente, sobre cómo estaba, y por sobre todo lo cuan inestable fue todo en el pasado. No puedo no recordar lo mucho que ha cambiado mi vida en tan solo 2 años; cada uno es muy diferente al otro, cada uno tiene un evento que me afecto y ambos son giros en ciento ochenta grados con respecto a lo que era mi vida. 

A veces pienso que la vida ha sido injusta conmigo en particular, siempre he intentado ser una persona de bien, que se preocupa por los demás y que, por sobre todo, quiere ayudar al prójimo. No entiendo porqué tuve que pasar por aquel sufrimiento. Pero, de eso se trata la vida ¿no?
A veces la simpleza no puede ser comprendida, a veces lo más fácil resulta ser lo más difícil. 
A  casi 2 años de todo lo que pasó, en verdad no me queda nada más que agradecer, pues sin ello no hubiese podido crecer, ni madurar,  ni cambiar. 
Creo que haberme perdido fue necesario para reencontrarme con una Helena renovada y distinta. 

A un año de haber reiniciado mi camino, me encuentro feliz, tranquila y muy conforme conmigo misma. He aprendido a valorar cada detalle que se presenta en la vida, pues es ahí donde se encuentra la mayor fuente de alegría en el mundo. Ahora, me encuentro estable, construyendo mi mundo y a la vez una parte de lo que será el mundo para mi hijo. 

Ahora me encuentro sin lágrimas que llorar.  

He florecido.

#1Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora