La mañana de aquel martes estaba demasiado lluviosa, las gruesas gotas de la tormenta chocaban contra el gran ventanal de la habitación, Horacio observaba como cada una de ellas marcaba un caminito hasta perderse en algún punto.
Se encontraba sentado en el piso de madera con sus piernas flexionadas y sobre sus manos una taza de porcelana blanca decorada con dibujitos de vacas sonrientes, la cual estaba a la mitad de chocolate caliente. Horacio esperaba que Viktor se despierte y aunque lo hacía en unos minutos, igual y él correría para ponerse sobre su cuerpo y llenarlo toda su cara de besitos.
Costumbres de él, por supuesto.
Y sabiendo que a Volkov le molestaba ser despertado así, al chico le gustaba pensar que no. Lo confirmaban sus ojos brillantes y las sutiles sonrisas que trataba de esconder cuando lo apartaba suavemente.
Tomando lo que resta del chocolate de forma pausada y, como un niño pequeño dibujó un corazón sobre el paño del cristal para posteriormente ahora sí ponerse de pie. Se tambaleó un poco por la inestabilidad de sus rodillas debido al tiempo largo en el que estuvo en esa posición. Sin embargo así avanzó hacia su novio y sonriendo porque era un hombrecito malo se tiró sobre su espalda para quedar a horcajadas en él.
-¡Despierta ya, despierta! -decía el de cresta entre risitas mientras rápidamente soltaba piquitos en la cálida pero fuerte espalda del comisario.
Sus fríos labios creando escalofríos en el cuerpo de Volkov, quien algo asustado por aquel asalto comenzó a abrir perezosamente los ojos.
-¡Dale, despierta que tengo hambre! -Horacio seguía encima de él abrazándole como un koala y repartiendo muchos besitos.
-Aparta de acá, Horacio -gruñó el mayor, sacudiendo su cuerpo con más insistencia para que el cabroncillo que tenía encima saliera de una vez.
Rindiéndose, Horacio cayó a su lado con una sonrisa divertida y mirándole a los ojos.
Volkov jamás lo admitiría, pero amaba incondicionalmente los ojitos del cabrón ese, y más cuando estos portaban cierto brillo por su causa.
Daba la sensación de que está haciendo las cosas bien.
-¿Qué te crees? ¿Qué saldrás ileso después de haberme despertado de esta forma, Horacio? -Viktor murmuró por lo bajo, mirando fijamente como el cuerpo del menor se encogía temeroso y sus mejillas adiquirían un tono rojo.
Entonces se lanzó igual sobre él pero esta vez sus manos recorrieron todo el cuerpo de Horacio para causarle cosquillas, las carcajadas y risotadas del ojigris le confirmaban que sí, realmente estaba haciendo algo muy bueno.
Sabía que el día martes estaría lleno de un Horacio empalagoso y mimoso, si le preguntasen secretamente la verdad que no se que iba a quejar, ambos podrían ser lo que les apetezca en esas cuatro paredes. Las cuales eran testigo de un Volkov completamente perdido por su héroe.
[🍓]
Dicho y hecho, Horacio no se despegaba ni un segundo de Volkov desde que ambos habían parado las cosquillas ya hace una hora y media en la habitación. Los días lluviosos ponían al chico demasiado sediento de amor o con amor de sobra para dar. Viktor siendo su principal objetivo.
-¿Podrías agregarle más sal a esos huevos revueltos? -escuchó al de cresta, también sintiendo como este con sus piernas se impulsaba hacia arriba para no caer de su espalda.
Porque... Sí, Horacio se había subido a su espalda y de ahí al parecer no lo bajaría ni dios.
Volkov resopló.
-Ya tienen la sal suficiente Horacio, ¿Tienes lengua de vaca acaso? -cuestionó divertido, mirando de reojo la cara de su novio.
-No, tonto. -bufó, rondando los ojos -Solo que creí que le habías puesto poca sal, es todo.
El peligris negó al escucharlo, en ocasiones creía que Horacio cuestionaba cosas como esas nada más para que le prestase un poco de atención mientras él hacía el desayuno, porque el otro se aburría realmente muy rápido.
-Terminando de desayunar, veremos una película. Según sé, te toca escojer a tí. Hoy realmente no tengo ganas de hacer nada -lo sintió asentir por su propuesta a sus espaldas, para posteriormente sentir de nuevo los fríos labios de su compañero trazando seguramente la constelación de lunares que tenía por sus hombros.
Ignorando el cosquilleo de satisfacción por todo su estómago, continuó haciendo el desayuno con Horacio sobre él.
No sabía cuántas veces habían visto ya aquella maldita película. Tampoco sabía por qué seguía dejando que el castaño escogiera el filme si siempre, por defecto, tomaba el Titanic. Volkov juraba que ya se sabía los diálogos de memoria de aquel capullo y tonto joven que no pudo subirse a la tabla o puerta, quién sabe que mierda fuese eso.
Rodó los ojos y se cruzó de brazos, lo que más le impresionaba de todo esto era que Horacio seguía llorando en la misma parte cada vez que la veían. ¡Aún sabiendo que el idiota ese se moría y que el barco por más de que la mirase se hundía!
Hizo un mohín con los labios al escuchar las quejas de su novio.
-¡No seas imbécil Jack y súbete a la puta puerta! ¡Que también cabes ahí cabronazo! -Horacio gritaba y Volkov solo quería hundirse en su lugar y que la tierra se lo tragase.
-Ellos no te escuchan Horacio y por más que la veas, grites y llores, el final sigue siendo la misma mierda. -declaró ya harto.
El chico hizo una mueca y bufó sabiendo que su novio no le comprendía.
-Tú mejor no hables. No comprendes mi estrés de fanboy.
Ambos continuaron viendo como aquel barco según indestructible terminaba por hundirse y como un Jack congelado terminaba en el fondo de océano.
Volkov suspiró, agradeciendo el final de aquella tortura audiovisual. Estaba por levantarse cuando los sollozos dramáticos de un Horacio triste lo detuvieron.
-No me jodas Horacio -sin querer rió, porque no se creía que un tío como él lloraba por esas mierdas -has visto esa basura millones de veces, ¿y me estás diciendo que estás llorando por eso? ¿Es enserio?
-Cierra la puta boca o lo que se hundirá ahora será mi puño en tu cara.
El comisario sabiendo que realmente Horacio cumpliría aquella amenaza si por lo más mínimo salía una risa de su boca, prefirió volver a sentarse y abrazar a su compañero. Quien se escondió en el hueco de su cuello por la vergüenza.
Volkov a las bravas lo tomó de las mejillas y, como muchas veces Horacio le había hecho, limpió sus lágrimas con pequeños besos hasta terminar en sus dulces y bonitos labios rosa, los cuales saboreó el sabor del helado que anteriormente comían en tasas.
Ay... Quien viera a Volkov actuando como un completo idiota cuando de Horacio se tratase. ¿Que si se avergonzaba? No, realmente no lo hacía. De todos modos sabía que si alguien se llegase a enterar de su versión cursi, era seguro que aquella persona no viviría para divulgarlo.
🥀
Otra kakita más 😔 gg.
Todo muy cliché y empalagoso y simple, como mi vida.
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adore you; volkacio.
FanfictionViktor Volkov y Horacio Pérez son una pareja peculiarmente linda, y un tanto rara. Los siete días de la semana tienen marcado lo que harán, porque son una pareja organizada. au; de pequeños relatos de Volkov y Horacio siendo la pareja nunca esperada...
