Hellen
Viran Dromac, un joven sumamente destacado y conocido en el imperio de Obrel, no solo por ser el príncipe heredero o por sus extravagantes y escandalosas costumbres, aunque estas últimas sí que tienen relación. Él era un hombre extremadamente atractivo, fue conocido como el más bello del imperio. Destacaba a donde quiera que fuera y robaba el corazón no solo de las mujeres jóvenes, también de algunas mayores o casadas. Inició su vida social a los 15 años, asistiendo a fiestas donde la moral y etiqueta se relajaban demasiado. Aun así, nadie se atrevería a criticarlo o hablaría mal del futuro emperador.
―Vader... ―susurro desde mi asiento, dándome cuenta de mi postura infantil. Desdoblo mis rodillas, bajando mis pies desnudos que tocan la alfombra que decora el piso de la habitación.
―¿Si, su majestad? ―Le dirijo una mirada disgustada. ¿Su majestad?
―No soy su majestad. Deja de llamarme así. ―Ese sería el emperador, no Viran.
―Príncipe ―habla con un gesto desconcertado. Si, he tenido muchos de esos en los últimos días, pero no se puede evitar.
Mi aspecto es el de un hombre, un chico, pero mi mentalidad es la de una mujer. Es una locura.
Aun no puedo creer que esté dentro del cuerpo de Viran. ¿Cómo y por qué ha pasado esto?
Me froto las sienes sintiéndome agotada. Nada de lo que intentado ha dado resultado y por ello ahora tengo un perro guardián.
Mis ojos van al vendaje que cubre mi mano y eso me hace sentir aún más exhausta.
Nadie debería culparme por despreciar a este tipo. Morí por orden suya y tuve una vida miserable a su lado. No creí que fuera posible... pero parece que el tiempo ha dado marcha atrás y que esto no es un sueño. Ya hace una semana que desperté en esta habitación, una semana sin salir de aquí y una semana desde que Vader me vigila como un halcón. Lo admito, es mi culpa, la última vez estuve a punto de desfigurar mi horrible rostro, se armó un alboroto con mi mano sangrando y luego arroje la comida al suelo, obviamente le preocupa lo que pueda hacer.
Parece que después de todo, el pensar desfigurar a Viran que es una belleza, no fue la mejor de las ideas. Aunque me sigue pareciendo demasiado atractiva, pero lo cierto es que estoy atrapada en este cuerpo y perder el único encanto que tengo, no sería tan bueno.
Por otro lado, no estoy segura de que debería hacer. Decir que no soy Viran, sino Hellen, suena a una locura y es posible que termine recluida en una institución de asistencia mental. Sanya dijo que no eran lugares muy agradables, así que es mejor no pensarlo.
Sanya.
He pensado mucho en ella, podría ayudarme, pero... ¿me creería? No, ni siquiera yo estoy segura de que esto sea real. Pensé que esto era un error, que, si dormía todo volvería a su sitio, es decir, habría muerto y todo eso, pero no pasó nada y de nuevo empecé a hacer una escena. ¡Qué vergüenza!
Aun así, ¿tiene algún sentido que sea Viran? Si volví en el tiempo, ¿Por qué tenía que ser el hombre que me condenó? Aunque... pensándolo bien.
Mientras me aparto de la silla y me acerco a la ventana, ignoro el hecho de que Vader también se mueve, es posible que crea que quiero arrojarme. No, no lo haré. Ya he pasado la fase de locura y negación. Además, la muerte no es una cosa agradable, así que no importa el rostro que me mira desde el reflejo del espejo, no quiero morir. No de nuevo.
―¿Cuántos años tengo? ―pregunto con la mirada fija en el extenso jardín. ¿Cómo puede hombre como Viran tener tantas rosas? ¿Era para resaltar su belleza o para regalarle a sus amantes? Nunca recibí una sola.
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Me he convertido en ti
FantasyEntregue mi vida por conseguir el amor de un hombre, para el que no fui nada, ni siquiera en mis últimos momentos de vida. Ahora, he vuelto en el tiempo, dos años antes de conocerlo y cinco años antes de mi muerte, pero... algo extraño ha ocurrido...
