Narra la historia de la familia Carvajal Valdés, Juliana y Valentina como madres de una hermosa pequeña de cinco años: Cat.
La pequeña es la mezcla perfecta de las características más bonitas de sus madres, la terquedad y fortaleza de Juls con la d...
Era casi de noche y Valentina estaba conversando con Eva en la cocina mientras cortaba algunas verduras para la cena, su hermana solo comía las patatas de una bolsa sobre la mesada. Fue muy agradable para las dos tener tiempo para conversar de sus cosas y acercarse un poco más, sin duda alguna desde que Eva salió de la cárcel hace dos años se había convertido en una persona más abierta y dulce y Valentina adoraba eso. Era maravilloso para ella sentirla cerca, volver a confiar y reconstruir poco a poco su relación.
Siempre que su hermana y su sobrina les visitaban Valentina no puede ser más feliz, finalmente sentía a su familia cerca y unida, disfrutaba poder conversar con ella de cualquier tema, escuchar sus consejos y compartir como buenas amigas. Eso sumado a que Cat adoraba a su prima Vic con la que apenas tiene 3 años de diferencia. Vic tiene 7 y Cat recién cumplió 4, por lo que básicamente disfrutan del mismo tipo de actividades. Se llevan muy bien y se divierten un montón cuando están juntas lo que alegra el corazón de las orgullosas madres que por lo general solo las observan interactuar y se derriten de amor.
Ambas niñas jugarían todo el día sin pudieran, algo que las hermanas Carvajal apreciaban mucho. Teniendo en cuenta que sus hijas se concentrarían en jugar entre ellas durante la mayor parte del tiempo, ellas podrían descansar un poco y prestar atención a otras cosas como preparar la cena o platicar entre ellas.
Ninguna de las dos se sentía molesta o incomoda de cuidar a sus respectivas hijas, pero a veces ser madre requiere mucho tiempo y atención, lo cual disminuye el tiempo disponible para conversar de cosas triviales como ellas hacían en ese momento. Solo charlaban de temas sin importancia y se reían de sus propias tonterías.
Después de un difícil comienzo que tardo un poco más de lo deseado, finalmente Eva había aceptado la relación de su hermana con la diseñadora, entendió que realmente se amaban mutuamente y que nada ni nadie podría interponerse entre ellas. Era muy sólido el vínculo que las unía y todo aquel que intentara destruir aquello estaba condenado a salir de la vida del matrimonio Carvajal Valdés.
La relación de las cuñadas fue mejorando con el tiempo, todo en la vida requiere confianza y paciencia así que el proceso fue poco a poco. Con el amor y respeto por Valentina, la diseñadora fue conquistando el corazón de Eva y logró establecer una relación de amistad y colaboración para el bienestar de su esposa y de su hija.
Como rutina diaria, Valentina recogía a Cat en la escuela mientras Juliana todavía estaba en su estudio. La diseñadora siempre llegaba a casa alrededor de las siete de la noche, loca por ver a su esposa y a su pequeña hija. La menor de las Carvajal a veces se preguntaba cómo pudo haber tenido tanta suerte de conocer a Juliana en ese parque años atrás. Su amor y la familia que están construyendo juntas es la absoluta felicidad de su vida, se siente plena, amada, protegida, dichosa. Sus días están llenos de luz y alegría gracias a sus dos mujeres preferidas, su Juls y su Cat.
Eran casi las seis y treinta cuando Eva decidió ir a echar un vistazo a las niñas porque estaban más calladas de lo normal. Cuando entró en la oficina y miró lo que ambas hacían solo pudo lanzar un grito asustado a Valentina que de inmediato corrió hasta ella y llego en apenas segundos.
- ¿Qué pasa Eva? Me asustaste... ¡¡Oh Mierda!!
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