Soltó un quejido acompañado de un gruñido, abriendo los ojos lentamente e intentando acostumbrarse a la luz que se colaba por las persianas. Miró a su lado, encontrando un espacio vacío donde momentos antes el mayor dormía junto a él.
Llevó sus manos a sus verdes ojos y los talló, aún intentando volver a la realidad. Poco a poco los recuerdos de lo que había pasado la noche anterior volvían a su mente, se incorporó en el suave colchón y suspiró. Buscó su mochila con la mirada mientras se iba levantando con lentitud, después salió de la habitación aún buscando aquella mochila donde llevaba su cambio de ropa, había ruido y un dulce olor proveniente de la cocina y en el camino hacia ese lugar logró encontrar por fin su mochila la cual tomó antes de asomar su cabeza en la cocina, encontrándose con la espalda del mayor quien cocinaba mientras la música sonaba de la radio.
- Huele bien, ¿Qué cocinas? - preguntó el menor, entrando por completo a la cocina y acercándose un poco al mayor a quien le había causado un respingo por el susto, aunque el azabache había intentado disimularlo no lo había logrado y aquello le había causado una pequeña suave risa al híbrido.
- Buenos días, no vuelvas a asustarme así por favor - pidió el mayor mientras sonreía, miró de reojo al teñido y después volvió su vista a la comida. - Deberías ducharte, el desayuno casi estará listo - agregó, ignorando la pregunta que el menor le había hecho con anterioridad.
- Está bien - respondió Rubén con duda, dándose la vuelta y caminando hacia el baño, dejando al mayor en soledad una vez más, el ruido del aceite brincar y la música hacían el ambiente menos tenso y más agradable para él.
Por su lado, el híbrido había cerrado la puerta con seguro y se miró por unos momentos en el espejo, su cabello estaba desordenado al igual que su ropa además de que su cuello estaba adornado por un par de chupetones y ligeras mordidas las cuales eran menos notorias que anoche, al menos Auron no le mordía hasta hacerlo sangrar. Esbozó una ligera sonrisa, sintiendo sus mejillas arder ante el recuerdo de las sensaciones que el mayor había causado en él con simples toques, caricias, besos y mordidas. Si tan solo hubieran llegado "más allá".
Soltó un rápido suspiro y se alejó del espejo, llegó hasta la bañera y abrió las llaves de agua caliente y fría, dejando que la tina se llenara de a poco mientras se quitaba las prendas, llevaba aún la falda la cual estaba manchada de semen, ya tendría tiempo para lavarla en su casa.
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Tomó asiento frente a la mesa, un plato con hotcakes estaba ante él y a su lado un vaso con leche, Auron dejó un plato más a su lado donde el mayor se sentaría. Intercambiaron miradas y sonrisas.
- Se ve delicioso, así hasta Barbie pareces, tío - el azabache rodó los ojos mientras mantenía una sonrisa divertida y negaba suavemente.
- Anda, más comer y menos hablar - le indicó, entregándole un tenedor a su contrario. El menor tomó aquel utensilio y lo usó para poder comer con tranquilidad, el mayor imitó sus acciones un poco después. Al principio no decían algo, habría silencio de no ser por la música que reproducía la radio.
Después de unos bocados estaban casi por terminar el desayuno, entonces fue cuando Auron se atrevió a decir algo al fin después de aquellos minutos un tanto incómodos.
- Y... No sabía que me llamarías Daddy - Murmuró con una sonrisa divertida antes de beber del líquido que había aún en su vaso, Rubén le miró un poco confuso.
- ¿Te llamé de esa forma? Perdón, es como una manía mía - se disculpó apenado, aquello había sido suficiente para no querer mirar al mayor en caso de que éste estuviera disgustado por la forma en la que el menor le había llamado el día anterior.- Si no quieres que te llamé así yo puedo- - fue interrumpido por el mayor, se había levantado para poder acercarse al menor, lo tomó por la cintura y después lo besó con lentitud, jugando su lengua con la ajena. Se separaron de aquel beso poco tiempo después, un sonrojo cubría las mejillas de Rubius.
- No me molesta, puedes llamarme así las veces que quieras - habló Auron, coqueto mientras se separaba para poder volver a sentarse junto al híbrido, este último miró a su contrario con cierta confusión y sorpresa. El mayor notó aquello al dirigir su mirada hacia el teñido, le sonrió con dulzura y el menor devolvió aquella sonrisa de la misma forma.
Después del desayuno el menor decidió que era momento de irse, tomó su mochila y Auron lo acompañó hasta la puerta. Se despidieron con un escaso beso en los labios y antes de irse, el híbrido le guiñó el ojo.
En el largo camino hasta su casa se quedó pensando, Auron era tan diferente a Vegetta y por alguna razón el comportamiento que Raúl tenía con él le hacía tener una sensación agradable. Demasiado agradable realmente. Sonrió inconscientemente, sin notar que alguien lo observaba a lo lejos con el seño fruncido y una expresión de desaprobación y asco, el menor siguió su camino.
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