UN ULTIMO ABRAZO

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*Egil*

Pálida, de pie frente a la puerta, su mirada variaba de una preocupación y rabia extraña que me perturba, así estaba mi madre frente a la puerta, su mirada inspecciona a Dhalia de arriba a abajo insesantemente, Dhalia está tan golpeada por la emoción que ni siquiera reacciona o habla.

—Egil ¿Quién es ella?— la desconozco, esa no es mi madre, su voz apenas sale de entre sus dientes amortiguada por la rabia. Aunque conozco a Dhalia desde muy jóvenes nunca se habían presentado excepto por una vez hace demasiado tiempo cuando éramos niños.

—Ella es Dhalia, estudiamos en la misma universidad, la invité a cenar está noche...no sabía que volverías hoy.— miento en lo de la cena, probablemente se iba a quedar a dormir hoy también pero no puedo despacharla a su casa sin que Dina haya vuelto.

—¿Interrumpo su reunión entonces? ¿No puedo participar en su cena?

—¡Para nada, claro que puede!— gritamos al unisono mientras asentimos rápidamente con la cabeza.

—¡Que bien! No es lo que esperaba como bienvenida, esperaba poder tirarme a mi cama y caer en coma pero lo acepto.— le dedicó una sonrisa contrariada, no es usual en ella ese comportamiento tan animado después de la reacción a entrar, Dhalia está casi tan confundida como yo.

—Y bien ¿A qué esperamos? Vamos al comedor.— rompo el silencio incómodo, Mi madre es la primera en bajar seguida por Dhalia yo las sigo. Gracias a Dios tenía guardada algo de comida para Dhalia y para mí en caso de que Dina tardará demasiado en regresar y ahora solo debo preparar algo para mi madre que en verdad no esperaba que volviera. La sigo muy de cerca con la mirada, su comportamiento me extraña demasiado y su aparición tan repentina no disminuye el sentimiento.

—Dhalia...disculpa mi memoria pero tu nombre me suena mucho...— anota mi madre cuando llegamos a la planta de abajo.

—Si eh, soy compañera y amiga de Egil casi desde la primaria, más de alguna vez vine a jugar a su casa y pues la conocí a usted también, pero era muy pequeña, es normal que no me recuerde.— un trueno en la lejanía altera a Max quien corre tras mi pierna, aún gruñe a mi madre cada que la ve.

—¡Dhalia! Ya lo recuerdo, esa pequeña niña con la que mi hijo solía jugar.—¡Solo repite lo que Dhalia dijo!— Disculpa mi memoria, fue hace mucho y la edad no me ayuda, ¿se mudaron desde estados unidos verdad?

—Descuide descuide, si, apenas tenia cuatro años cuando nos mudamos a noruega— mi madre le dedica una sonrisa.

—Egil, ¿Te molestaría que hablara con Dhalia mientras preparas la cena?— ¿Así que yo cocinaré?.

—Ehhh— volteo a ver a Dhalia que tiene una mirada suplicante de pánico y de nuevo a mi madre.— Claro, no hay problema.

Les hago una seña hacia la sala mientras yo voy a la cocina, algo de filete de pescado, pan, y papas, parece que Dhalia estará un largo rato a solas con mi madre.
Comienzo a preparar los ingredientes sobre la mesa, al menos el filete no está congelado, la calefacción no es efectiva en la cocina por lo que el frío me cala los huesos...¡Lo que daría por saber lo que hablan esas dos! Me apiadó de ti Dhalia.

***

Bienvenidos a la cena más incómoda de la vida, en las miradas de todos se ve el deseo de que esto acabe, que Dina regrese y todos se larguen a sus casa, mi madre trata de sacar conversación cada tanto pero la plática se esfuma cada tantos minutos, todo su puso más tenso (si es que es posible) luego de que hablaran a solas, mañana tendré una larga conversación con Dhalia sobre eso.

A LA MERCED DEL PASADODonde viven las historias. Descúbrelo ahora