Muñequito de azúcar

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-¡TE DIJE QUE QUERÍA UN PASTEL CON LÁMINAS DE ORO Y NI ESO FUISTE CAPAZ DE CONSEGUIR PARA MÍ! ¡ERES TAN DESPRECIABLE! ¡NO ENTIENDO COMO PUDE CASARME CONTIGO SIENDO UN HOMBRE TAN MEDIOCRE!-

Las sombras dejaron de moverse, en el centro de aquel lugar estaba Jean usando un traje de tonalidad negra. Su cabello corto y sus manos temblaban al ver como aquella mujer cuyo rostro se apreciaba borroso lanzaba al suelo un bello pastel que en la cima tenía un par de novios a base de azúcar.

Murmullos a su alrededor, Jean sintiéndose pequeñito ante aquellas sombras cuyos blancos labios sonrientes empezaban a burlarse de su desgracia.

-¡ERES UN POCO HOMBRE! ¡¿NO PUDISTE HACERME MÁS INFELIZ EN NUESTRO DÍA ESPECIAL?!-

Era muy bello ese lugar lleno con orquídeas cuyas tonalidades oscurecían cada vez más, marchitándose lentamente hasta caer sus pétalos al suelo.

Lujoso era el vestido que la novia usaba: seda fina, tres diamantes pequeños incrustados en el busto sujetos con hilos de plata aunado a un fino velo.

-¡Hey! No pasa nada... los demás no saben nada de ti, alza la mirada y ve tras ella-

Reconocía la voz de Farlan diciendo esas palabras que lo calmaron un poco. Jean corrió por los pasillos que se estrechaban como intrincadas cadenas deseosas de que no avanzara más hacia sus dolorosas memorias, pero su curiosidad era tanta al no desistir, avanzando hasta encontrar a la novia que no estaba sola.

-No merezco esto, soy una mujer hermosa y acabo de casarme con él. Debería ser prudente y tener a mi alcance todo lo que dese, él me prometió una vida donde no pasaría penurias y si en nuestra boda no puede complacerme, no quiero imaginar lo que será de mi en un futuro-

Y lo vio, nítidamente observaba a un hombre alto, de tez blanca, cabellera rubia y ojos marrones abrazando a la novia.

-Estas exagerando las cosas, Jean ha conseguido todo lo que le pediste para tu boda. Incluso te compro este vestido de novia que costó mucho más de lo que gano en un año, igual que el banquete que querías... hija, te estas portando como una niña mimada y yo no te crie para que seas tan insufrible-

Los tacones resonaban, una bofetada se escucho y aquel hombre que sostenía a la novia se separó de ella con brusquedad, no porque lo deseara sino porque alguien más lo había obligado.

-¡Mi niña merece esto y más! ¡Es hermosa y se acaba de casar con un cerdo que no puede costear algo tan sencillo como un pastel con laminas de oro! Es por eso que te dije una y mil veces que mi niña no debía casarse con Jean, pero disté tu aprobación y las cosas acabaron así-

Al escuchar su nombre, Jean prefirió darse la vuelta. Los sentimientos fueron tan amargos que ni el más dulce de los vinos podía diluir el mal sabor de boca que quedaba en él.

Volviendo sobre sus pasos, Jean vio en el centro de aquel salón a los meseros limpiando los restos del pastel que yacía en el suelo con el adorno del novio partido por la cabeza mientras la novia estaba intacta.

-¿Mejor?-Historia tomaba la mano de Jean, pues mientras estaba inconsciente en algún momento no dejaba de temblar.

-¿Qué... haces aquí?-Hanji lo observaba.

-Conozco al Enano que se acaba de casar y me llamo por una emergencia, nunca imagine que te atendería-Molesta se percibía su voz-¿Quién es esta señorita que te acompaña?

-Historia Reiss... mi pareja-Tan sonrojada se puso Historia por el comentario ajeno.

-Supongo que sabes lo que pasa con Jean-Ella asintió.

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