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Era el mismo sueño de siempre.
Una interminable oscuridad aparecía frente suyo. Caminaba sin rumbo fijo, siempre lo hacía aunque ya hubiese experimentado ese escenario desde hace muchos días. De repente una luz se iluminaba y puede verse.
Pero no se acerca, nunca ha podido acercarse. No puede acercarse por más que lo intente.
Su "otro yo" está sentado frente a una computadora. Cansado, fastidiado. Dice unas cuantas palabras y mueve sus manos impaciente, como si ya quisiera acabar de hablar con la persona que se encuentra en la pantalla.
Reggie.
- Sería bueno que vengas a visitar a tu solitario hermano - dice el mayor, intentando evitar reír. - Ya va más de un año desde que te fuiste. Saber de ti pocas veces no es suficiente, hermanito.
- Con verme por la televisión en las ligas basta. - responde, y el Paul que solo está observando aprieta los puños, impotente - No tengo tiempo para volver.
- Bien, bien, pero tus Pokémon también te extrañan, aunque no quieran demostrarlo. - el pelimorado con quien habla rueda los ojos - Espero que al menos te estés encontrando con algunos conocidos, te terminará afectando estar tan solo - ríe.
Su interlocutor lo mira fijamente ahora.
- Bueno... he visto a Dawn, creo que también está en Kalos.
Los ojos de Reggie se iluminan.
- ¿Mi futura hermana política? Bien, bien.
- Reggie...
-¡Lo siento! - era una obvia mentira - Pero oye, Paul, Dawn parece una buena chica, ¿verdad? He notado como la miras cuando vemos sus concursos por internet o cuando me hablas de ella, sí que hablas mucho de ella ¿lo has notado?
"Claro que no".
- Me voy ya - Paul hace ademán de pararse ante las quejas de Reggie por detenerlo.
- ¡Oye! Está bien, no te molesto más. - el pelimorado asiente - Antes de que no volvamos a hablar hasta quien sabe cuánto: te quiero, hermanito, espero volver a verte.
Paul asiente.
El Paul que los observa grita.
Nunca más volvieron a hablar.
*******
Otro día más para vivir.
Paul se queda mirando el techo, esperando encontrar respuestas que nunca vendrán. Esperando, quién sabe, una mínima esperanza para seguir.
Unos golpes a su puerta y una voz que le grita "¡Hora de despertarse, dormilón!" lo desconcentran.