El forjado en la arena
Tras el incidente con el microondas, Izuku comprendió que su quirk requería un cuerpo resistente para soportar la inmensa sobrecarga de información neuronal. Decidido a mejorar, usó sus conocimientos de robótica para construir un complejo lanzador automático de proyectiles a base de chatarra. El dispositivo poseía un selector de velocidades regulable que disparaba canicas, tuercas y pelotas de goma desde distintos ángulos.
Al principio, el entrenamiento en la playa de Dagobah fue un infierno de moretones y migrañas. Izuku activaba el «Slow Motion» en ráfagas de un segundo para ver las trayectorias ralentizadas, pero sus músculos de nueve años no respondían a tiempo. Sin embargo, su persistencia dio frutos. Conforme pasaban los meses, su cerebro se acostumbró al flujo temporal alterado, y sus rutinas de calistenia en la arena le otorgaron la agilidad necesaria para esquivar los objetos antes de que su don se desactivara. Aquella preparación física pronto se volvió una necesidad, ya que los delincuentes locales del mercado negro, atraídos por el dinero que ganaba vendiendo sus robots, intentaron asaltarlo en más de una ocasión.
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[Time Skip - Dos años después]
Afortunadamente, las cosas mejoraron de forma notable para los dos Midoriya durante este periodo. Inko se recuperó por completo y regresó al mundo laboral, aunque esta vez con una carga mucho menor gracias al apoyo financiero de su hijo, quien continuaba con sus exitosas ventas tecnológicas.
En una tarde soleada, Izuku, ahora de doce años, caminaba por la costa de Dagobah cargando una pesada caja de chatarra repleta de piezas útiles. De pronto, una voz ruda interrumpió sus pensamientos.
—¡Hey, niño!
Izuku se detuvo en seco. Debido a sus malas experiencias con los ladrones de la zona, adoptó una postura desconfiada mientras examinaba al sujeto. Se trataba de un hombre de unos cuarenta años, con una estatura imponente de un metro noventa, cabello negro y una silueta robusta con algo de sobrepeso.
—¿Eh? ¿Me llama a mí? —preguntó el peliverde, manteniendo su distancia.
—¿A quién más si no? —respondió el hombre con una sonrisa burlona.
—¿Qué es lo que necesita? —indagó Izuku, acercándose con cautela, pero sin mostrar temor.
—Me presento, me llamo Ryuu —dijo el hombre, exhibiendo una sonrisa cargada de malicia, mientras tres tipos con gorras desgastadas salían de las sombras para situarse detrás de él
—. Mis amigos y yo hemos visto que varios tipos intentan robarte el dinero de tus ventas. Queremos ofrecerte un trato de protección.
—Oh, lo siento, pero temo que tendré que rechazar su oferta —respondió Izuku, dándose la vuelta de inmediato para retomar su camino—. Con nuestros costos apenas nos alcanza para los gastos de mi madre y los míos.
Antes de que pudiera dar tres pasos, la pesada mano de Ryuu se posó firmemente sobre su hombro, deteniéndolo.
—¿Crees que soy estúpido, mocoso? He visto la buena pasta que ganas vendiendo esos juguetes mecánicos —amenazó Ryuu, apretando el agarre con fuerza—. Además, piénsalo bien: nosotros podemos asegurarnos de que nadie más vuelva a tocarte un solo pelo en este sector.
—Agradezco mucho su preocupación, pero de verdad no puedo aceptar su trato —insistió Izuku con una amabilidad gélida, sin inmutarse por la presión en su hombro.
La paciencia de Ryuu se agotó al instante. Su rostro se desfiguró por el enojo y soltó al niño de un empujón.
—No seas tan arrogante, maldito engendro. Muchachos, parece que tendremos que enseñarle a este mocoso cómo hacerse respetar.
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Cuatro contra uno
Los cuatro hombres rodearon rápidamente al peliverde, cerrándole cualquier vía de escape. Con total tranquilidad, Izuku colocó su caja de chatarra en el suelo y comenzó a analizar de forma metódica los movimientos y posturas de sus oponentes.
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Un quirk no tan inutil
Fanfictioneste izuku sera serio debido que tuvo que madurar a una edad temprana por la mala suerte de tener un quirk "inutil" y solo esta decidido a hacer que su madre inko midoriya tenga una vida tranquila libre de estrés pero eso cambiara a lo largo de su v...
