La verdad detras del telón

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El debut en el círculo de fuego

La multitud ruidosa y hostil se abrió paso a regañadientes, permitiendo que el joven peliverde avanzara hacia el centro del almacén. Un hombre de aspecto descuidado, que se autoproclamaba el presentador oficial del lugar, subió a una tarima improvisada y rugió a través de un megáfono desgastado.

—¡Damas y caballeros! —gritó el sujeto, antes de soltar una carcajada cínica—. Bueno... la verdad es que ninguno de ustedes entra en esa categoría. ¡Pero de igual forma, que comiencen las apuestas! En esta esquina, tenemos a este pequeño brócoli que debuta hoy en el circuito. Y en la esquina contraria... ¡el gigante de concreto!

El presentador señaló hacia el oponente de Izuku: un hombre calvo, de complexión maciza y con una prominente barriga, que alcanzaba los dos metros de altura. La disparidad era ridícula, considerando que Izuku apenas medía un metro cincuenta y ocho. Los murmullos despectivos y las risas no se hicieron esperar entre el público.

—Ese mocoso no va a salir vivo de ahí —comentó un apostador, mostrando un fajo de billetes—. ¿En serio pusieron a ese enano contra el gigante? Yo le voy con todo al calvo. Pobre niño, era tan joven.

Izuku ignoró los comentarios, sopesando la barra de metal en su mano derecha mientras ajustaba su postura.
«Les demostraré de lo que soy capaz», pensó con frialdad. «Debo terminar esto rápido. Quiero volver a casa pronto con mamá».

—¡A la cuenta de uno! —anunció el presentador, encendiendo la adrenalina del público.

—Te voy a destrozar, niñito —amenazó el gigante, haciendo crujir las articulaciones de sus enormes manos con una sonrisa sádica.

—¡A la cuenta de dos! —continuó el réferi improvisado. Izuku realizó un breve estiramiento de hombros, flexionó las rodillas y adoptó una postura de guardia cerrada, manteniendo la barra de hierro oculta detrás de su antebrazo.

—¡Y a la cuenta de tres... comiencen!

Estrategia inquebrantable

El hombre calvo activó su quirk de inmediato: un potenciador muscular focalizado que aumentaba la velocidad y el impacto de sus brazos, aunque no modificaba el resto de su cuerpo. El gigante lanzó un brutal derechazo directo a la cabeza de Izuku. Sin embargo, el peliverde, haciendo gala de sus reflejos naturales y sin necesidad de activar su don, se agachó con agilidad. Esquivó el impacto por milímetros y conectó una patada baja y precisa contra la espinilla del coloso, haciéndole perder el equilibrio.

El gigante se estrelló contra el suelo de concreto, provocando las burlas inmediatas de la multitud, que disfrutaba del error. Furioso y con el orgullo herido, el hombre se puso en pie de un salto y comenzó a lanzar una violenta ráfaga de golpes desordenados. Al ver la trayectoria errática y masiva de los puños, Izuku activó el «Slow Motion» por una fracción de segundo para estudiar los huecos en la ofensiva del rival.

Pronto, el ataque del coloso cesó de golpe; el hombre comenzó a jadear, visiblemente agotado. El plan de Izuku había funcionado a la perfección desde el inicio: una estrategia simple pero inquebrantable que consistía en provocarlo para desgastar su resistencia, sabiendo que un cuerpo de ese tamaño sin una condición física adecuada se asfixiaría rápido. Aprovechando el momento, Izuku apretó la barra de metal y descargó una combinación frenética de golpes quirúrgicos en las articulaciones de las piernas y brazos del gigante, finalizando el asalto con un fulminante rodillazo de Muay Thai directo en la barbilla.

El coloso se desplomó inconsciente. El público enloqueció ante el inesperado resultado, mientras que los apostadores veteranos insultaban y destruían sus boletos, maldiciendo por haber perdido su dinero ante un niño de doce años. Después de ese enfrentamiento, Izuku participó en otras dos peleas esa misma noche, despachando a sus oponentes con extrema facilidad gracias a su análisis táctico.

Un quirk no tan inutilHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora