Había pasado un buen rato en el que el pecoso se mantuvo concentrado leyendo detenidamente las cláusulas de los papeles sobre la mesa. Tras revisar la última página, tomó el bolígrafo y estampó su firma.
—Y con eso, ya estamos listos —anunció Izuku, dejando el documento a un lado.
—Sí... listos —asintió Nezu con una sonrisa enigmática.
Cabe destacar que el contrato estipulaba términos sumamente beneficiosos para el joven: a cambio de sus servicios, la U.A. y la policía anularían por completo todos los cargos en su contra por vigilantismo ilegal. No iría a prisión bajo ninguna circunstancia, y el director se comprometía a pagarle una generosa suma mensual a cambio de que Izuku utilizara sus propios equipos tecnológicos y herramientas de rastreo para recolectar información y mantener a la academia al tanto de los movimientos del submundo. Básicamente, se había convertido en un informante oficial y pagado.
—Bueno, yo ya me voy. ¿Me podrían quitar las esposas, por favor? —pidió Izuku, extendiendo las muñecas. El oficial a cargo procedió a liberarlo de inmediato.
—Una última pregunta, joven... —interrumpió Nezu antes de que el chico se levantara—. ¿Cómo sobrevivió a dos disparos a quemarropa de una escopeta recortada?
—Siempre traigo puesto un chaleco antibalas de grado militar —respondió Izuku con total naturalidad—. ¿Acaso no se dieron cuenta cuando me confiscaron mis pertenencias?
—Casi se me olvidaba, iré a traer tus cosas —intervino Naomasa, rascándose la nuca un tanto avergonzado antes de salir apresuradamente de la habitación.
Nezu aprovechó ese momento a solas para aclarar un punto pendiente:
—Por cierto, lo que el detective mencionó sobre tu madre era una completa mentira. Solo queríamos comprobar el nivel de tu reacción y ver qué tan lejos llegarías por protegerla. Quédate tranquilo, esto es estrictamente confidencial.
—Bueno, gracias. Al menos sé que ella no me va a castigar... Si eso es todo, me despido —dijo Izuku, encaminándose hacia la puerta. Justo antes de que pudiera cruzar el umbral, el director alzó la voz.
—De nada. Nos vemos mañana —concluyó el roedor, despidiéndose amigablemente con la pata.
Izuku cerró la puerta detrás de sí y comenzó a caminar por los pasillos de la comisaría, intrigado. "¿Cómo que nos vemos mañana? Bueno, no importa", pensó con desdén.
Para poner en perspectiva el cansancio del peliverde, la cronología de su noche había sido caótica: había salido de su casa a las 9:00 p.m., llegando a la base enemiga a las 10:00 p.m. para acabar con los narcotraficantes. Tras ser arrestado a las 10:45 p.m., pasaron unas cuatro horas en las que estuvo retenido, durmió un poco y finalmente cerró el trato con Nezu. En ese preciso instante, el reloj marcaba las 2:00 de la mañana.
Al llegar a su casa, el ruido de la puerta despertó a Inko. Tras una breve charla para calmarla y compartir un pequeño refrigerio nocturno, ambos se dispusieron a ir a sus respectivas habitaciones para recuperar el sueño perdido.
A las 8:00 en punto de la mañana, en el nuevo hogar de los Midoriya —ya que se habían mudado recientemente de su antiguo departamento—, Izuku se encontraba durmiendo plácidamente en su cama, envuelto en las cobijas. De pronto, la voz de su madre rompió la paz de la habitación.
—¡Izuku, levántate! Tenemos visitas.
—¿Quién en su sano juicio nos visitaría a las ocho de la mañana? —refunfuñó el peliverde, frotándose los ojos con fastidio.
Pocos minutos después, ya un poco más despabilado, Izuku terminó de vestirse y comenzó a bajar las escaleras. Al llegar a la sala de estar, se encontró con una escena bastante inusual: su madre estaba sentada frente a dos individuos muy particulares.
ESTÁS LEYENDO
Un quirk no tan inutil
Fanficeste izuku sera serio debido que tuvo que madurar a una edad temprana por la mala suerte de tener un quirk "inutil" y solo esta decidido a hacer que su madre inko midoriya tenga una vida tranquila libre de estrés pero eso cambiara a lo largo de su v...
