Un pequeño descuido

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Narra Izuku

El día de acabar con esa pequeña red de narcotraficantes finalmente había llegado. No podía permitir que siguieran extendiendo sus raíces; para mi gusto, estaban creciendo a un ritmo demasiado acelerado. Sin embargo, decidí apartar esos pensamientos de mi mente por un momento. Lo verdaderamente importante en ese instante era celebrar el merecido ascenso que le habían otorgado a mi madre.

—¡Felicidades, mamá! —le dije, envolviéndola en un cálido y sincero abrazo.

—¡Todo mi esfuerzo valió la pena! —exclamó ella con orgullo, levantando un puño al aire en señal de victoria.

De pronto, su expresión cambió notablemente. Una sombra de seriedad cruzó el rostro de mi madre mientras me miraba fijamente a los ojos.

—Sé que hoy también saldrás a cumplir con tu deber —comenzó a decir, con la voz teñida de preocupación—. Pero, por favor, cuídate mucho y nunca te confíes. No sé qué haría si mi único hijo no regresara a casa.

Al ver su angustia, me levanté del asiento y me acerqué a ella. Me arrodillé lentamente para quedar a su altura, buscando su mirada para transmitirle seguridad.

—Mamá, te haré una promesa —le aseguré, dedicándole una sonrisa para intentar calmar sus nervios—. Te prometo que regresaré sano y salvo... aunque no puedo asegurarte que vuelva sin un par de huesos rotos, jeje.

—Jeje... ¡Oye, espera! —reclamó ella, cambiando el llanto por una ligera indignación—. ¡Te he dicho que no hagas esos chistes! Solo logras que me preocupe más.

Acompañando sus palabras, comenzó a darme pequeños y tiernos golpes en la cabeza a modo de reprimenda.

—¡Auch! Eso duele, mamá —protesté entre risas, cubriéndome falsamente—. Ya es hora de marcharme, pero descuida. Esta vez contaré con refuerzos, así que estaré bien. Además, creo que estás olvidando un detalle muy importante.
—¿Y qué es eso que se supone que estoy olvidando? —preguntó, ladeando la cabeza con evidente duda.

—Que tu hijo es alguien realmente fuerte —respondí con orgullo, mientras flexionaba el brazo para mostrarle mis músculos en un gesto divertido.

—Jajaja, está bien, te creo, te creo —admitió ella, contagiada por mi risa—. Se te está haciendo tarde, pero antes de que te vayas, me gustaría hacerte una pregunta.

—Claro, ¿de qué se trata?

—¿Realmente no has pensado en convertirte en un héroe profesional? No lo sé... tal vez ingresar a la academia U.A. o a alguna otra. Sé que ya pasó una semana desde que terminaron los exámenes de admisión, pero podrías intentarlo en la siguiente convocatoria dentro de unos meses.

Su pregunta no me tomó por sorpresa. Suspiré suavemente antes de responder con firmeza.
—No tengo ningún interés en convertirme en un héroe de agencias —le expliqué—. Ellos se limitan a enfrentarse a los villanos que causan destrozos públicos, cuando la verdad es que, dentro de las sombras de la ciudad, existen muchas otras formas de criminalidad que nadie está combatiendo.

Mi madre guardó silencio por un momento, asimilando mis palabras, y terminó por asentir con una sonrisa comprensiva.

—Está bien, Izuku. Respeto tu decisión. Cuídate mucho, hijo.

Tras despedirme de ella, me dirigí a mi habitación para prepararme. Me coloqué mi traje de vigilante, el cual era de un diseño bastante simple y funcional, listo para adentrarme en la noche y cumplir con mi misión.



 Me coloqué mi traje de vigilante, el cual era de un diseño bastante simple y funcional, listo para adentrarme en la noche y cumplir con mi misión

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Un quirk no tan inutilHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora