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Un problema llamado Dexter

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Un problema llamado Dexter.
Y qué problema...

Soplé con tanta fuerza la superficie del café, que la canela sobre la espuma cayó en mis ojos.

Los cerré con fuerza y apreté los puños a mis costados.

Santa paciencia...

Pasé un dedo por mis ojos, intentando aliviar la picazón, y solo conseguí correrme el maquillaje. Lo noté cuando observé mi dedo teñido de rímel.

Solté un bufido y comencé a golpear el suelo con ímpetu.

A veces —la mayoría—, las cosas me salían mal. Muy mal.

Detestaba estas formalidades. La cafetería era una de las más caras y lujosas de la ciudad, y yo tan solo una chica del montón.

A veces me preguntaba por qué me metía en estos líos, pero nunca encontraba respuesta concreta.

—¿Señorita Armstrong? —habló el mesero

Levanté mi cabeza, esperando a que prosiguiera.

—¿Va a seguir esperando? —preguntó, pronunciando cada letra con la entonación perfecta.

—Media hora más con el culo en la silla no me va a matar —solté y resoplé.

El mesero me dedicó una mirada de decepción por mi vocabulario, y se alejó de mi mesa.

Llevaba dos semanas de mis sagradas vacaciones, teniendo citas que conocía por internet. Necesitaba un novio. Realmente lo hacía.

Miré por decimoquinta vez la hora en mi reloj y dejé caer mi cabeza sobre la mesa. Había pasado ya media hora, y ni rastros del susodicho.

Esto debía ser una pesadilla.

—¿Paris?

Levanté mi cabeza, buscando la procedencia de la voz, y cuando mis ojos se encontraron con los de Johnathan, los puse en blanco.

—¿Se puede saber qué mierda haces en un lugar como este? —le pregunté y señalé el sitio con mi índice.

El chico se cruzó de brazos y alzó una ceja.

—Podría preguntar exactamente lo mismo —dijo y se cruzó de brazos—. Además, podría agregar; ¿qué haces tú en mi mesa?

Sacudí mi cabeza.

—¿Tu mesa? —inquirí y solté una risa—. Esta mesa la reservó mi cita, ¿acaso ahora consumes drogas? ¿O ha salido a la luz ese lado subnormal que tienes?

—Resulta, Paris Armstrong —mencionó el chico—, que esta mesa la reservé yo para mi cita.

Entrecerré los ojos y negué varias veces con la cabeza.

Te ves como el chico Perfecto ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora