Habían pasado alrededor de tres horas, y aún Jungkook no respondía mis llamadas. Cansada de tanto llorar me quedé dormida...
El sonido de mi teléfono celular me despertó, miré hacia la ventana y pude ver el sol escondiéndose, al parecer había dormido bastante. Volví mi vista al celular, que aún sonaba, Jungkook me estaba llamando.
Al fin.
—Hol—me detuve al escuchar unos sollozos del otro lado—... ¿Jungkook?—pronuncié con duda, pero sólo oí más sollozos.
—No. Él...él no esta aquí.—me alteré aún más, era su madre. Algo malo había sucedido.
—¿Qué ocurrió, señora Jeon?—interrogué nerviosa, sentiendo un frío recorrer toda mi espalda.
—Su...s-su...su padre murió...el avión cayó...él murió.—explicó llorando desconsoladamente, ella estaba fuera de si.
—¿Y Jungkook?—necesitaba saber de él.
—N-no lo sé, al enterarse huyó de casa. Debes encontrarlo, Hanna, por favor...y-yo no puedo perder a mi hijo.—su voz se había quebrado. Escuché que alguien más tomó el teléfono celular—La señora no puede seguir hablando, ella se encuentra desconsolada. Soy su ama de llaves.
—Entiendo, cuide bien de ella por favor. Yo intentaré encontrar a Jungkook.—terminé la llamada, estaba muy tensa y sumamente sorprendida. ¿Por dónde debía empezar? No tenía idea.
Llamé a todos sus amigos, no estaba con ninguno de ellos y eso me preocupaba aún más.
¿Dónde estás mi amor?
No me importaba en absoluto lo que mi padre me había dicho, debía encontrar a Jungkook y estar con él.
Necesitaba cambiarme de ropa, pronto iba a oscurecer y lo mejor para buscarlo era usar ropa cómoda.
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Ya estaba vestida. Tomé mi mochila magenta, la que uso para ir a la escuela. Saqué todo lo que había dentro y bajé a la cocina. Guardé en ella : una botella de agua, galletitas y un sándwich de mantequilla de maní con rodajas de banana, sé que a Jungkook le gusta mucho, lo he visto comerlo muchas veces. Además, guardé una manzana, algunos dulces y leche de plátano, que es su favorita, siempre compra una en los recesos.
Salí por la puerta trasera.
Primero caminé por todo el parque y no había nadie.
Su lugar especial, debo ir allí.
Quedaba bastante lejos, la noche ya se había hecho presente, el viento soplaba impetuoso, pero me faltaba poco para llegar. Caminé un poco más hasta que a lo lejos lo pude ver, se encontraba sentado muy cerca del borde, observando la gran belleza de Seúl. Había tanto silencio en aquél lugar, que sólo se escuchaban sus sollozos, eso me rompió el corazón. Me acerqué lentamente a él, sentándome a su lado—Jungkook —lo llamé suave. Él no se movió de su lugar y mucho menos giró a verme. Intentó dejar de llorar, secando sus lágrimas con el dorso de su mano, se veía como un pequeño niño perdido.