Lan Wangji no se siente con ganas de trabajar hoy.
Por una semana entera, en realidad.
Aparentemente, Idiota Wei sabe cómo cerrar la boca por mucho tiempo. Haciendo que Lan Wangji pierda el juego que él mismo propuso.
Incluso pensó tomar un permiso para faltar una semana solo para evítalo, pero imagina que su idiota hermano podría decirle a donde vive, y eso es lo último que quiere que pase.
Así que reúne toda su fuerza, y toda su paciencia, para comenzar la semana más larga de su vida.
[...]
– ¡Buenos días, Lan Zhan !
Él observa a Wei Ying pedaleando hacia su persona, desde ese mismo árbol, donde se conocieron hace más o menos un año, y Lan Wangji silenciosamente se recuerda a sí mismo, que no tiene otra opción más que hacer esto. Bueno, en realidad aún puede hacer lo que él quiera, pero también sabe que Lan Xichen lo molestará si no afronta las consecuencias.
–Un regalo para ti. – Wei Ying sonríe tímidamente mientras le extiende una flor de loto a Lan Wangji
Una flor de loto.
Idiota Wei se atreve a llamarle un regalo a una única flor de loto.
Lan Wangji lucha consigo mismo por tomarlo o no. Obviamente, no quiere hacerlo porque no quiere dar la impresión equivocada de que acepta al chico, pero no quiere ignorarlo tampoco, ya que sabe que pasarán cosas peores si no la acepta.
Así que, derrotado, acepta la flor de loto.
Con Idiota Wei exhibiendo su característica, brillante sonrisa que hace que sus ojos desaparezcan mientras lo hace.
Extrañamente, haciendo que el corazón de Lan Wangji se acelera una vez más.
Qué daño podría hacer aceptar una flor de Wei Ying, de todas formas.
Esto solo durará una semana ¿Verdad?
¿Qué más podría salir mal?
[...]
Todo está mal.
Todo.
Porque cuando Lan Wangji pensó que solo vería a Idiota Wei en la mañana cuando va a la oficina, y en la tarde cuando está por volver a casa, estaba equivocado.
Porque entonces, el guardia de su edificio lo llama durante la hora del almuerzo, diciéndole que alguien lo está llamando afuera.
Solo mira extrañado a su hermano, y observa la misma confusión en sus ojos.
Y quiere reemplazar la confusión en los ojos de Lan Xichen por estacas hasta dejarlo ciego, porque Lan Wangji puede ver quien lo ha estado llamando.
Wei Ying.
Pequeño, tonto, y bonito Wei Ying.
Inocente, lindo, tonto Wei Ying quien está sonriendo como el idiota que es afuera del edificio, sosteniendo cajas de almuerzo en sus manos.
– ¡Vamos a almorzar, Lan Zhan!
Y Lan Wangji inicialmente piensa que lo aterrorizará una semana de almuerzos gratis. Preparada por Wei Ying.
[...]
–Esta es para ti, estúpido
Lan Wangji lanza, si, lanzar, no dar; la caja a la mesa de Xichen.
– ¿Eh? ¿Qué es esto?
– ¿Por qué no lo adivinas?– Lan Wangji entrecierra los ojos frente a él.
