Mi padre se había vuelto a casar, créanme nunca me opuse a eso, ya llevaba años separado de mi madre y por mi estaba bien. El problema era "su esposa". Ella era una completa zorra.
Siempre se ponía vestidos diminutos que dejaban nada a la imaginación. Y los escotes, uff, no cubrían nada. Y lo peor era que siempre se me estaba regalando. Se acercaba y me toqueteaba, arrimaba sus pecho contra mi espalda y hablaba de un modo dulce.
Yo no quería reaccionar pero la carne es débil. Y mi amiguito se levantaba pidiendo más. Por las noches me pajeaba mientras me imaginaba que sus enormes pechos eran los que me daban placer.
Por mi bien trate de mantener la distancia, pero para mí mala suerte llegó esa noche. Mi padre había salido de la ciudad por negocios así que la casa era para nosotros dos. Había decidido permanecer en mi cuarto para no caer en tentaciones, pero me moría de hambre y cuando baje a la cocina sabía que no había vuelta atrás.
Ella estaba ahí, con un shor diminuto y una blusa de tirantes, se notaba que no llevaba ropa interior. Cuando noto mi presencia sonrió y se acercó a mi coquetamente.
— Que bueno verte Josh, pensé que hoy no nos veriamos las caras.
— Tengo hambre, solo vine por un sanduche.
Puso su mano sobre mi pecho y lo recorrió hasta mi cuello.
— Hay cosas más ricas que puedes comer.
Si, como ella.
— No gracias el sanduche está bien.
Trate de apartarme pero ella me jalo y me acorralo contra la encimera.
— Oh vamos no nos hagamos los idiotas, se que me deseas como yo a ti.
— No te deseo, eres la esposa de mi padre.
— ¿Y eso que? Ser su esposa no me impide jugar. Además... — Bajo su mano hasta donde mi amiguito y lo apretó. — Tu dices que no, pero esto dice que si.
Y asi empezó. Ella siguió masajeando mi pene por encima de la ropa y besaba y chupaba mi cuello. Traté de resistirme pero deseaba tanto meter mi pene dentro de ella o que me hiciera una buena rusa con semejantes tetas.
Tomé su barbilla con mi mano para que me mirara directamente.
— Así que quieres jugar Erika, bien juguemos.
He hice que me besara, el beso era salvaje y posesivo, nuestras lenguas jugaban y se enrollaban, entre cada beso ella me mordia los labios lo que provocaban que me prendiera mas. Su mano no había dejado de tocar mi pene, estaba a punto de explotar.
— Agachate y mamamela bien o no tendrás mi pene dentro de ti.
Y con una sonrisa traviesa se arrodilló, sacó mi pene del calentador, no podía quejarme de mi tamaño y al parecer ella tampoco. Lo babeo un poco antes de meterselo por completo a la boca.
Dios que bien se sentía, chupaba y lamia fenomenal, ella es toda una zorra. En el último momento uso sus dientes causandome una mezcla entre dolor y placer.
— Ven para acá.
La tomé del cabello he hice que se levantará, la recosté sobre la encimera y baje su short de un tirón. Ese trasero tan blanco y redondo. Merecía unas buenas nalgadas.
Empecé a nalgearla con fuerza. Uno, dos, tres veces. En cada golpe ella gritaba y gemia. La encimera un poco alta así que tenía que pararse de puntillas. Empecé a tocar toda su vagina con mis dedos, deteniendome en su clitoris para apretarlo y juguetear con él. Erika se movía y alzaba sus pies para tratar de sostenerse.
— Por favor Josh, ya metelo.
Cogi mi pene y lo pase de arriba a abajo jugueteando con ella.
— ¿Quieres esto dentro de ti?
Y antes de que respondiera metí mi pene dentro de ella de una embestida, ella grito y apretó sus manos a los lados de la encimera para sostenerse. Empecé a meterla y sacarla con rudeza, desquitando todas la veces que ella me había provocado y yo había tenido que pajear a escondidas.
Erika lo disfrutada, se notaba por sus gritos. Hice que se levanta de para poder bajar su blusa y apretar sus tetas con mis manos, eran tan grandes que no cabían en mis manos por completo. La apretaba y masajeaba a mi gusto.
Mis embestidas se tornaron más rápidas, sus gritos se volvieron más altos y bullicioso sabía que se iba a correr en cualqueir momento. Tomé sus pezones entre mis dedos y los apreté eso provocó que se arqueara y pegara más su trasero hacia mi.
— Josh, más rápido ya casi... Me vengo. ¡Ah!
Estábamos iguales, si seguía así iba a correrme dentro de ella pero poco me importaba. Unas cuantas embestidas más bastaron para que se venga, pude sentir como las paredes se contraian aparentando mi pene y luego como un líquido escurria de ella.
— JOSHHHHHH.
Ella se desvaneció sobre la encimera, mientras yo metía y sacaba para poder correrme. Una, dos y ya. Todo mi líquido dentro de ella. Estaba muy cansado, me deje caer sobre ella mientras recuperaba fuerzas.
Ella respiraba rápidamente, su cuerpo estaba sudado y su cabello pegado a su frente.
— Eso fue increíble. Mejor de lo que espere.
— Aún no se ha acabado.
Saque por completo su blusa y la lleve hasta el sofá.
— Tus lindas tetas harán un excelente trabajo con mi amiguito.
Solo bastaron unos minutos y unos cuantos toques para que despertará. Ella se lamio los labios juguetona. Hizo que me sentará en el sofá mientras ella se arrodillaba entre mis piernas. Sus pequeños pechos agarraron a mi pene como si se lo tragara.
Ella lo apretó con sus tetas para luego hacer el trabajo. Subía y bajaba, las apretaba hacia dentro y luego alternaba. Se sentía fabuloso, sus tetas apretaban lo suficiente. Ella empezó a moverlas a velocidad, de arriba a abajo y apretando. No tarde mucho en venirme de nuevo, todo mi semen cayó sobre sus tetas. Tomó un poco del líquido y se lo llevó a la boca.
Una total y completa zorra.
No puedo decir que no volvimos a jugar la siguiente ves que papá se fue, o que nos toqueteabamos a escondidas de vez en cuando. Al final mi madrastra si fue tan buena conmigo y nos llevamos muy bien
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